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El mensaje de los niños y niñas saharauis de Vacaciones en Paz

antonia

Antònia Pons

· Antònia Pons (Torregrossa, 1951) es maestra jubilada y autora de los libros ‘La Funny i altres bèsties’ y dos de temática saharaui ‘Si tú supieras…’ y ‘Exilios’

Si hacemos la prueba de ir a YouTube y teclear Vacaciones en Paz vamos a obtener miles de resultados. Los hay para todos los gustos. Con música, sin ella, con escenas cotidianas… etc. Intentos de inmortalizar en fotografías fijas o en fotogramas momentos inolvidables para los menores saharauis y para nosotras, las familias acogedoras.

No los he visionado todos, sin embargo sí que he escogido unos cuantos al azar.

Me ha sorprendido que en algunos se obvie las visitas institucionales a los Ayuntamientos, parlamentos autonómicos, manifestaciones etc.

Los niños y niñas vienen del Sahara porque son refugiados. Si tienen ese estatus es porque España les abandonó a su suerte en el año 1975.  Un gobierno tardo franquista negoció con Marruecos la venta de su última colonia a la que había convertido en provincia años antes para eludir el mandato de Naciones Unidas que les instaba a proceder a la descolonización.

Ahora sabemos que la visita del entonces jefe de Estado en funciones no fue más que una pantomima, un intento de tranquilizar a un ejército avergonzado que recibía órdenes contradictorias  y gracias a Wikileaks, nos hemos enterado de las informaciones de Juan Carlos I al mayor conspirador de la historia: Henry Kissinger. A estas alturas  no creo que haya nadie que crea que la Marcha Verde fuera un movimiento espontáneo sino una operación perfectamente diseñada para apoderarse del Sahara español.

La entrada de Marruecos en el territorio por el Norte y de Mauritania por el Sur dejó a los saharauis en una especie de ratonera, su capital cercada por alambre de espino. Detrás de lo que parecía una marcha civil estaba el ejército marroquí apoyado por franceses y americanos.

Los abuelos, abuelas, madres y padres de ‘nuestros’ pequeños tuvieron que huir hacia el este para encontrar la seguridad que les prestó la tierra argelina en la desolada e inhóspita hamada de Tinduf.

A los saharauis que he conocido no les gusta hablar del Éxodo. Demasiado dolor, demasiada sangre. Los bombardeos con napalm y fósforo blanco segaron numerosas vidas. Los hay que llevan en su cuerpo las señales de aquella barbarie silenciada por el mundo. Demasiados se quedaron en el camino, demasiados perecieron por la falta más absoluta de todo.

Los nombres de Amgala, Tifaritti y Umdraiga permanecen grabados a fuego en el alma colectiva del pueblo saharaui. Hay ancianas que aún se sobresaltan cuando oyen los motores de los aviones que descienden para aterrizar en Tinduf. Eso, más que todas las palabras, nos da una idea de lo que debió ser aquella travesía y del pánico instalado en lo más profundo del subconsciente  que no les va a abandonar jamás.

Las niñas y niños de Vacaciones en Paz forman parte de esta historia y nos la recuerdan con su presencia.

Los menores que vienen de la arena son como un libro abierto que debemos leer para poder comprender el porqué de su llegada. Representan a los que se quedaron dentro y sufren la opresión y la injusticia del invasor, a los que se quedaron por el camino, a los que no pudieron ver cumplido el sueño de volver a su verdadero hogar que nunca ha sido un campo de refugiados. A los que se niegan a ser asimilados y por eso viven en una provisionalidad permanente desde hace 41 años. A todos los que esperan sin perder la esperanza.

Todo lo demás: la piscina, la playa, las visitas médicas, las excursiones es una consecuencia y no un fin en sí mismo.

Llegan y nosotros procuramos que lo pasen lo mejor posible pero si  permanecemos ciegos y sordos a su mensaje, su viaje habrá sido en vano.

El mensaje de los niños y niñas saharauis de Vacaciones en Paz

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