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José Luis el de los marcos en mi memoria

ANISIA SERENDIPIA

Este poema que he leído lo compuso el poeta argentino Raúl González Tuñón tras la muerte de su esposa, Amparo Mom, en 1940 y me ha parecido adecuado para recordar ahora  -tan generosa como fue su vida- a José Luis el de Los Marcos, alguien que consagró la suya a embellecer las cosas bellas y, una vida consagrada a lo bello es la vida elegante.

La suya fue una vida de trabajo en una sofisticada antigua boutique en el centro de Durango, una atmósfera en terciopelo azul empolvado, entre listones de maderas selectas, planchas de palo santo, chapas de caoba… días pensando en el arte: la pintura, las películas, los libros… aquellas conversaciones interminables que duraban años, entre artistas, soñadores y amantes de las cosas bellas.

Y tenía también esa manera elegante de mirar a los gatos, porque no hay nada más bello ni más elegante que un gato, más aún cuando este sabe que es querido.

La última vez que coincidí con él apenas le vi pasar. Pero hacía nada me había estado contando qué latas les gustaban a los suyos y cuáles a los de la cárcava de Kalebarria.

Los gatos, que no entienden de muerte ni de despedidas, conocen sin embargo la ausencia y sí, José Luis, los gatos del callejón también te echamos de menos.

TAMBIÉN MORÍ CON ELLOS

De Raúl González Tuñón, para Amparo Mom
[1940]

Ya está dormida bajo tanto cielo
y sobre tanta tierra enamorada.
Rosa cabal, cumplida llamarada.
Sin guitarra, sin luz y sin desvelo.

Tan presente en el fuego, tan presente
en el aire, en la tierra, en la distancia
que va de la raíz a la fragancia.
Muerta para nosotros, por ausente.

Tendida en su aparente muerte, espuma,
ceniza en lenta carne desgarrada,
muerta para nosotros por callada,
en un silencio de apretada bruma.

Dormida no, pero desparramada,
tan generosa como fue su vida.
Deshecha ya, pero jamás perdida.
Dormida sí, más nunca desmayada.

Su muerte crecerá. Seremos viejos
y todo será sombras en la casa
cuando regrese con sus pies de gasa
del fondo de los últimos espejos.

Perdida no, que la alta margarita
crecerá de su muerte. No lloremos.
Perdida sí, pero jamás marchita.
Ella vendrá. Nosotros nos iremos.

Ayúdanos a crecer en cultura difundiendo esta idea.

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