A José Luis Martínez de Antoñana Lezama

MARIANO MARTÍN MARTÍN Te conocí en ese estado programado predispuesto por la ley a conocernos, enseguida fuimos lazo señalado para entendernos, ayudarnos y querernos. Pregunté al universo por el grado al que debíamos de aceptar y de atenernos, y el cielo y la tierra se han mirado bendiciendo nuestras letras y cuadernos. Aceptamos el momento consumado aquel, que la amistad quiso cedernos, nada está perdido entre nosotros, todo es recordado y debemos de marcarlo y de ofrecernos. La vida iba pasando las historias van forjando los internos, motivos, de los pechos, afirmando el amor que nos tuvimos solo vernos, Cada paso dado está grabado en el libro que recoge nuestros ternos, con su página y su texto, reafirmando para siempre ya existir tal los eternos. El mundo se quedó como callado en la regla nada y nadie puso frenos, el orden divino que nos ha creado quiso hacerte rey para atendernos, y tú, grandioso humano, has aceptado para guiarnos por caminos sin avernos, pues el don y la magia han destinado que juntos prosigamos y tenernos. Los grupos del gran arte que has formado del que estamos orgullosos siendo plenos, te rendimos pleitesía con sumo agrado por ser un sabio ejemplo de los buenos, adoptando tu presencia en cada lado y venciendo a los que quieren ofendernos, pues el reino del buen hacer, con su amor nos ha dotado de flamantes primaveras los inviernos. Mi querido José Luis Martínez de Antoñana Lezama estuve, estoy y estaré contigo cual primado, allí donde voy, resaltas conmigo, confirmando ser testigos de aquello que dormido, nos ha ido poco a poco despertando haciéndonos crecer, alzando erguido, de madre y padre un arte de hijo bien nacido y firmando cada estado y enmarcando. Hasta siempre, mi honorable amigo unidos por latidos, con sentidos, recibe un abrazo, un beso, lo infinito gracias por haberte conocido, permitido estar contigo y en la guerra de la vida, jamás haber sido vencidos. ...Tanto en Durango, como en otro mundo aún desconocido. Siempre...









