‘2026: Pilar de Zubiaurre y Lorca se reencuentran’, por Anisia Serendipia

MIS OJOS, QUE CODICIAN COSAS BELLAS_ «El que siga un buen camino tendrá sillas peligrosas que lo inviten a parar». Esta foto siempre me ha recordado a la performance para sillas de Esther Ferrer, pero la protagonista en ella es Pilar de Zubiaurre.

Hija de Valentín de Zubiaurre, maestro de capilla de Alfonso XII, nació en Garai el 25 de julio de 1884. Ingresó en el Conservatorio Nacional de Música y Declamación de Madrid hacia 1898, año en el que nace el poeta, y también pianista, Federico García Lorca, y la que después sería su amiga, la poeta Concha Méndez.
Casada desde 1922 con el bilbaíno Ricardo Gutiérrez Abascal, de seudónimo Juan de la Encina, Pilar trabajará mucho por fomentar la carrera de sus hermanos sordos, los pintores muditos de Garai, como marchante y como comisaria de sus exposiciones. Entrará así en contacto con el ambiente cultural del primer tercio del siglo XX en Madrid y conocerá a lo mejor de la intelectualidad del momento, que participa en la tertulia que los sábados se celebra en el estudio de sus hermanos.
Durante el decenio de los años veinte, Pilar de Zubiaurre seguirá organizando veladas en el estudio de su hermano Valentín. Ramón se había independizado y abierto su propio estudio tras su boda, en 1917, con Isolina Gallego, amiga de la familia Baroja y de otras personalidades de la época. Pilar parece estar más pendiente de su hermano Valentín, con más presencia en Durango.
_«La Carmen está bailando por las calles de Sevilla… Y hay un olor a sal y a sangre de hembra, en los nardos febriles de la marina»_ Por una carta que Lorca escribe a su familia en diciembre de 1928, sabemos que el poeta asistía a las tertulias en casa de los Encina: Pilar y Juan. En la edición de Poema del cante jondo que conservo de cuando era estudiante, aparece el nombre de Pilar de Zubiaurre como dedicataria del apartado de poemas Tres ciudades: Malagueña, Barrio de Córdoba y Baile.
Me queda la curiosidad de por qué le dedicó algo tan andaluz y cargado de sensualidad, aunque, claro, ambos son rasgos propios de su poesía.

Pilar será miembro del Lyceum Club Femenino, fundado por María de Maeztu en 1926. El núcleo de sus fundadoras sería lo que Rocío González Naranjo denomina «el círculo de las vascas», aquellas mujeres que hicieron germinar la idea, como Carmen Baroja, Pilar Zubiaurre, María de Maeztu, Rosario Lacy…
Considerada como una de las primeras asociaciones «feministas» del Estado, será frecuentada por las simpatizantes de la asociación, las «sinsombrero», antes de ser clausurada y destruida la mayor parte de los archivos del centro por la Falange en 1939. En el Lyceum participan dos generaciones de mujeres, la del 14 y la del 27, que luchan por hacerse un nombre en circunstancias muy adversas.
Lorca también dedicará unas coplillas a María de Maeztu:
«El sombrerito de María, dice que es moda llevarlo así, pero, en ella, diríase que se le va a caer o que ya se le ha caído».
Parece una alusión al movimiento fundado por esta. Lorca no es que fuera feminista, como tampoco lo era la vanguardista Pilar, no tal y como se podría entender hoy, pero su obra sí que cuestiona de alguna manera las estructuras sociales que limitaban la vida de las mujeres.
Durante la Guerra Civil, el Gobierno republicano nombra a Juan de la Encina vocal de la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico. En 1938, el presidente de la Segunda República acuerda la salida del país de varios intelectuales que habían sido invitados por el Gobierno mexicano para formar parte de lo que se conocerá como El Colegio de México. Entre ellos estaba el marido de Pilar.
Allí falleció Pilar, en 1970.
«Por el cielo va la luna con un niño de la mano».
Hoy he visitado la exposición Pilar de Zubiaurre, Landabarrenako damia. Horas después, La bola negra de Los Javis, inspirada en la novela homónima e inacabada del poeta, recibía el Premio del Público en el Zinemaldia 2026, por ser la más votada entre las películas de la sección Perlak.
Mientras iba buscando un posible ejemplar de Poema del cante jondo con los poemas mencionados, de los que es dedicataria —quizá se podría revisar la disposición de algunas fotografías y la iluminación, ya que los reflejos en el cristal dificultan un poco su contemplación—, me he topado con un libro abierto en la página que contiene el poema Romance de la luna, luna, del Romancero gitano, poema que Lorca dedicó a su hermana Conchita García Lorca.
En la parte de arriba aparece la dedicatoria manuscrita:
«Para Pilar de Zubiaurre. Recuerdo cariñoso de su amigo Federico. -1931-».
Ya me iba cuando he escuchado una voz que decía: «Te quiero muchito. Pilar».
Me he acercado entonces a ver la proyección de un vídeo, en la sala de abajo, y ha sido allí donde he visto una mención a esa dedicatoria, acompañada de varios poemas, si no recuerdo mal inspirados en los de Lorca, y su traducción al euskera realizada por Leire Vargas.
Sin duda, es un vínculo precioso esa relación de Pilar de Zubiaurre con el poeta universal en que se ha convertido Lorca. De algún modo, queda un poco escondido, como una pequeña «perla» que está ahí, pero que, si no la buscas, puede pasar inadvertida.

«Salió el domingo, de noche, salió el domingo, y no vuelve. Llevaba en la mano un lirio, llevaba en los ojos fiebre; el lirio se tornó sangre, la sangre tornose muerte».
(Canción de Nicolás Guillén)

Y a otro le parecerá otra cosa






