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Fallece Juan Antonio Sarasketa, aquel juvenil del Athletic que prefirió la caza y el comercio

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Durango despide a Juan Antonio Sarasketa (Eibar, 20 de octubre de 1942 – 27 de mayo de 2026), conocido comerciante, cazador y divulgador vinculado durante décadas al mundo cinegético vasco, así como productor de txakoli. Fundador y expresidente de ADECAP, Asociación para la Defensa del Cazador y Pescador, desarrolló también una larga trayectoria empresarial al frente de tiendas de deporte o armas, entre ellas la histórica ubicada en Artekalea. La misa funeral por su persona tendrá lugar el viernes, a las 19:00 horas, en la basílica de Santa María de Uribarri de Durango.

Juantxi, Juan Antonio e Iñigo. ARCHIVO FAMILIAR

Según relataba en sus memorias, escritas junto a Javier Atxa Arrizabalaga, nació “encima de una fábrica de escopetas”, en la calle Víctor Sarasqueta de Eibar (Gipuzkoa), una circunstancia que marcaría buena parte de su vida personal y profesional. “Debo agradecimiento a los cazadores porque gran parte de lo que tengo y soy hoy en día se lo debo a ellos”, dejó escrito.

“Travieso de niño”, como él mismo se definía, recordaba también que junto a otros cazadores organizaron la primera tamborrada de Eibar. Decía que aprendía con facilidad, aunque alternaba notas muy buenas con otras “garrafales” porque tenía “muchas inquietudes”. Estudió peritaje mercantil y destacó como portero tanto en su colegio como en categorías juveniles del Athletic. Sin embargo, prefería acompañar a su padre a Peñacerrada al pase de la paloma junto a su perro. Su padre soñaba con verlo en el primer equipo de San Mamés, aunque él mismo reconocía que nunca sintió verdadera afición por el fútbol. “Un día le dije que no iba más. Se llevó un disgusto”, recordaba.

Con 14 años se escapó del colegio en Vitoria-Gasteiz. “Cogí la primera bicicleta que vi y me presenté en Eibar, a 65 kilómetros. ¡Cuántas vivencias!”, relataba. Después llegarían el monte, su primera escopeta de 12 milímetros, las salidas en moto a cazar y el servicio militar en Villafría (Burgos), donde acudió voluntario. “El apellido de Sarasketa siempre suena donde hay cazadores. Entre los militares, me preguntaban si yo era el de la escopeta y les contestaba que sí. En ese momento, ya creía una pequeña diferencia”, escribió.

Hijo de padre eibarrés y madre de Ea, en sus recuerdos aparecía también de forma constante su entorno familiar. Citaba especialmente a su mujer, Charo Arregui, “a la que nunca olvidaré”, y a sus hijos, Juantxi e Iñigo, de quienes decía que “son ejemplares”. “Desde niños han aprendido la realidad de la vida, a trabajar. Acabaron sus estudios y luego han estado conmigo en los cuatro comercios que tuve”, afirmaba.

Sarasketa fue una figura conocida y en ocasiones controvertida, pero siempre activa en la defensa del mundo rural, la caza y determinadas tradiciones que consideraba parte de la identidad vasca. Su nombre quedó ligado tanto al asociacionismo cinegético como al comercio deportivo de varias generaciones.

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