Este historiador analiza que para los requetés “Aita Roman se merecía una ejecución ejemplar, por ser un traidor a Dios y un amigo de los rojos y separatistas”. Seguramente, a su juicio, en la decisión tuvo mucho que ver que en el número de febrero de 1937 de la revista Regards, del Partido Comunista de Francia, le hubieran dedicado la portada y una doble página ilustrada interior, con excelentes fotos del histórico David Seymour Chim y texto del antifascista Josef Efimovitch Pouterman, a los carmelitas de Amorebieta confraternizando con los gudaris y milicianos de izquierda y leyendo la publicación Euzko Langile. “Todo un batallón estuvo alojado en Larrea, conviviendo amigablemente con los carmelitas y con pleno consentimiento de la comunidad hasta mayo de 1937. Supongo que la publicación de Karmengo Argia fue una cuestión menor, después de la resonancia internacional que había tenido la acción de propaganda comunista de Regards, que era bien conocida para los carlistas de Amorebieta y para sus correligionarios del requeté guipuzcoano, como el famoso capellán lezoarra Txapo, Luis Inchaurrandieta Arreche”.

El libro de Ione Zuloaga sobre la Guerra Civil en Getaria estudia la figura del cura que fusiló al carmelita. Al estallar la guerra tras un fallido golde Estado militar español, el sacerdote de Lezo tenía 31 años. Vivió en Getaria y durante la batalla luchó como cura requeté contra las fuerzas del gobierno legítimo de la Segunda República. El 10 de octubre de 1936, fue nombrado alférez de Tercio Oriamendi. Tras los servicios como alférez-capellán, Franco le destinó a la parroquia de Getaria en 1942. “Los republicanos mataron al padre y hermano de Inchaurrandieta. Se estima que murió tres o cuatro años después”, aporta Zuloaga en el libro. El final del cura ejecutor fue insólito: “Dicen que mientras arreglaba y adornaba la cruz de iglesia de San Salvador, cayó sobre ella y murió”.