Utopía socialista libertaria confederal: recuperar el futuro pensando lo común

MIKEL-TAR ORRANTIA DÍEZ
Para mí la utopía no es escapismo. Lo aprendí leyendo a Lewis Mumford en Historia de las Utopías: es “la otra mitad de la historia de la humanidad”, el registro de lo que pensamos que podríamos ser cuando dejamos de aceptar lo dado. Mumford lo decía claro: para reconstruir la civilización occidental el primer paso es “la transformación de nuestro mundo interior”¹.
A eso añado algo que he ido madurando con Galdeano: la utopía es un camino, no un destino. Es un final inalcanzable porque se recrea a medida que la humanidad va logrando lo que siglos atrás parecía un sueño imposible². Cada conquista –el sufragio, la jornada de 8 horas, la pensión, las vacaciones pagadas, los hijos de obreros accediendo a la universidad, el Metro que une Sestao con Bilbao– desplaza el horizonte un poco más lejos. La utopía no muere cuando se alcanza algo, se renueva.
Desde ahí, una utopía socialista libertaria confederal no me suena a paraíso perfecto, sino a brújula en movimiento: ¿cómo organizamos la vida común sin Estado jerárquico, sin capital que devore personas y ecosistemas, sin Partido, ideología-catecismo y Líder Único de guía indiscutible, y sin renunciar a la libertad individual haciendola solidaria y colaborativa?
1. Las raíces que Mumford y Berneri me enseñaron a mirar
Mi recorrido con Mumford va de Platón a Moro, del Renacimiento a las utopías industriales de Cabet, Owen y Bellamy. Cabet me interesa porque fue gradualista: apostó por la persuasión y rechazó la violencia. Con Morris llega el golpe de aire: “no tengáis nada en vuestras casas que no consideréis útil o bello”³. Y Wells conecta todo eso con el mundo presente. Berneri escribió «Viaje a traves de la utopia» que leído por mi en los primeros setenta fue toda una «linterna» en mi camino hacia Utopía.
Ahí se cruzan dos corrientes que alimentan mi idea de socialismo libertario: el comunismo de Kropotkin –ayuda mutua, federación de comunas⁴– y el urbanismo humano de Howard –ciudades jardín, escala humana– que yo mismo relaciono con la lectura de Mumford. El Sindicato Único y.el de Rama Industrial de CNT en los años 30 en España fue toda una herramienta innovadora de lucha obrera hacia el éxito. Las preguntas claves: «hacer qué, para vivir como, dejando un mundo mejor» continúan siendo absolutamente vitales en nuestro tiempo.
2. ¿Qué entiendo por “confederal”? El caso de los libertarios vascos
Para mí confederal no es dispersión. Es que las decisiones se tomen lo más cerca posible de quien las sufre, y se coordinen libremente hacia arriba:
– Comunas o municipios libres como célula básica: autogestión de tierra, trabajo, cuidados, cultura.
– Federaciones voluntarias para lo que desborda la escala local: energía, salud, infraestructuras, defensa civil.
– Mandatos revocables, rotación, transparencia. Nada de representantes profesionalizados. La idea está en Kropotkin, pero también en la práctica de los libertarios vascos.
Aquí entra algo que estudié y sigo defendiendo: la utopía confederal de los libertarios vascos de Askatasuna durante la transición*⁵. Askatasuna no fue solo una revista. Fue, para quienes la hicimos, reflexión, estudio, debate y, sobre todo, *práctica de cada militante en su campo de interés y trabajo, puesta en común y dada sentido en el colectivo, y luego teorizada en la revista.
Eso rompía la separación entre vida y política: el taller, el barrio, la edición de textos, la acción directa, volvían al colectivo para pensarse juntos. La revista no mandaba: recogía, ordenaba y devolvía la experiencia. Fue un laboratorio confederal a escala vasca: federación de grupos de afinidad, ateneos, publicaciones, sin partido único ni Estado. Imperfecto, contradictorio, efímero en muchos casos. Pero real. Y esa memoria es material político para volver a intentarlo.
El socialismo libertario confederal evita la trampa que Mumford vio en Bellamy: nacionalizar la industria sin democratizarla crea otra maquinaria fría. La utopía no es eficiencia total, es vida buena.
3. Lo que no quiero perder: mi “Metro a Metro”
En diciembre de 2004, en Sestao, escribí este poema que sigo sintiendo vigente:
“Metro a Metro perdimos la utopía, Metro a Metro cedimos y pagamos.
Del rojo obrero al turquesa ciudadano: Metro a Metro cambiamos…
¡Hoy toca, al parecer, vivir sin sueños, ni utopías, y sin riesgos!”_⁶
El Metro de Bilbao, de Sestao al Kasko, pasó de ser “de rojos jubilados, de lujos sin sueños de utopías obreras” a un túnel donde “el trajin de gentes” va “princados de presente, no desean soñar con un futuro de llegada”. Esa es la derrota que la utopía libertaria confederal debe revertir: que el desplazamiento físico no sea también desplazamiento del deseo colectivo.
Y aquí vuelve Galdeano: si la utopía es camino, entonces incluso “Metro a Metro” puede volver a ser trayecto utópico. Por eso cierro el poema así: “¡Quizá sirvas, también, al sueño de un mañana mejor, es mi deseo! ¡Sea la vida Metro a Metro disfrutada!” No se trata de llegar, se trata de no dejar de caminar.
4. Tres pilares para que no se quede en letra
A partir de Mumford, Morris, Galdeano, Askatasuna y mi propia experiencia, me quedo con esto:
a. Transformación interior + debate público
Nada cambia si lo nuevo no ha sido “pensado e interiorizado personalmente, debatido y hecho común”¹. Las utopías sirven si se convierten en conversaciones reales, en librerías como la de Salvador Gurucharri donde descubrí a Berneri.
b. Economía de lo útil y lo bello
De Morris: producir para la necesidad y el placer, no para la acumulación³. Eso implica recuperar saberes artesanos, agricultura de proximidad, tecnología apropiada. No rechazo de la técnica, sino subordinación a criterios humanos y ecológicos.
c. Cultura como cemento confederal
Mi trabajo sobre Morris en MugaKultura y de tres decadas en comunicación corporativa me confirma algo: las federaciones se sostienen con lenguaje común, memoria compartida, espacios de encuentro. Askatasuna lo entendió así: revista, colectivo, debate, práctica cotidiana. Sin eso, “Metro a Metro” se queda en rutina sin rumbo.
Cierre: eutopía como verbo, Ítaca como brújula
Mumford termina hablando de “cómo los medios-mundos se van y cómo la eutopía puede llegar”¹. Con Galdeano añado: la eutopía no llega, se hace. Es verbo, no sustantivo. Y con Cavafis entiendo por qué: Ítaca no es el premio, es el camino.
Ítaca
Konstantinos Kavafis
Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes ni al colérico Poseidón,
seres tales nunca hallarás en tu camino
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano
en que llegues, con qué placer y alegría,
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios fenicios
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano,
y perfumes sensuales de todo tipo,
tantos perfumes sensuales como puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
para aprender, para aprender de sus sabios.
Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas⁷.
Una utopía socialista libertaria confederal funciona igual: reconoce el conflicto, cuida la escala, blinda mecanismos de revocación y federación voluntaria, y acepta que el horizonte se moverá siempre un poco más allá. No se trata de tocar Ítaca y parar. Se trata de que el viaje te haga capaz de construir Ítacas nuevas.
Como decía Morris: “El pasado no está muerto, vive en nosotros, y estará vivo en el futuro que estamos ahora ayudando a construir”³. No se diseña el futuro desde arriba. Se reúne hilos viejos –Kropotkin, Morris, Mumford, los libertarios vascos de Askatasuna, la memoria del “pueblo rojo, solidario del alma” en Sestao (Bizkaia)– y se tejen con las preguntas de hoy: ¿cómo vivimos juntos sin dominarnos? ¿cómo cuidamos la tierra sin renunciar a la libertad? Trabajemos para vivir y convivir solidariamente en libertad, no para enriquecer al capital sino para disfrutar todos de la vida en lo humanamente posible.
Empiezo, como escribí al final de mi reseña de Mumford, por construir “Jerusalén en cualquier tierra verde y placentera”: lugares concretos donde lo común funcione mejor que lo impuesto. Incluso en un vagón de metro. Porque la utopía, como dice Galdeano y canta Cavafis, es Ítaca: el camino que se abre cuando caminamos.
NOTAS
1. Lewis Mumford, Historia de las Utopías, Pepitas de Calabaza, 2013.
2. Concepto de utopía como camino desarrollado por Galdeano.
3. William Morris, Noticias de ninguna parte y ensayos sobre arte y socialismo.
4. Piotr Kropotkin, La ayuda mutua y La conquista del pan.
5. Ver mi tesis sobre Askatasuna y el movimiento libertario vasco en la transición.
6. Mikel-Tar Orrantia Díez, “Por un metro, de sueño y utopía”, Sestao, diciembre 2004.
7. Konstantinos Kavafis, “Ítaca”, trad. José María Álvarez.
Bibliografía esencial
– Mumford, Lewis. Historia de las Utopías. Logroño: Pepitas de Calabaza, 2013.
–Maria Luisa Berneri. Viaje a través de la utopía.
– Kropotkin, Piotr. La ayuda mutua. Madrid: Catarata, 2016.
– Morris, William. Noticias de ninguna parte. Madrid: Akal, 2011.
– Howard, Ebenezer. Ciudades jardín del mañana. Madrid: CIS, 1998.
– Cavafis, Konstantinos. Poesías completas. Trad. José María Álvarez. Madrid: Alianza, 2003.
– Orrantia Diez, Mikel-Tar. “Por un metro, de sueño y utopía”. Sestao, diciembre 2004.






