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Sin la estación del tren y otros patrimonios, Durango acabará siendo un número o un código de barras

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EDITORIAL MUGALARI

Durango es un pueblo que va perdiendo identidad histórica y… el tren solo pasa una vez en la vida. Imagina a nuestro municipio perdiendo letras de su nombre.

Durango. Siete letras históricas para el nombre de nuestro pueblo.

Desde este periódico digital cada vez que alguna institución hace desaparecer uno de nuestros edificios históricos pensamos que perdemos identidad, nos expropian entrañas, raíces. Sí, somos proteccionistas (de lo nuestro).

Durang. Seis letras históricas para el nombre de nuestro.

Hasta hoy algunas personas -no cuantificadas porque no han sido ni consultadas- soñaban con mantener nuestra estación del ferrocarril, pero el peso no de la Ley, sino el peso del dinero ha podido con su techo, con sus maravillosos arcos de medio punto. Las excavadoras ladran, luego cabalgan.

Duran. Cinco letras históricas para el nombre de.

Otros edificios, pocos, duran a pesar de que algunos no quieren que duren. Las paredes de la estación que no resbalaba, su pasado social, sindical, político, lugar de primeros besos, de abrazos de bienvenidas y despedidas… aquellos besos, aquellos abrazos no volverán.

Dura. Cuatro letras históricas para el nombre.

Dura es la realidad. Duro es que haya una petición de incorporación de Patrimonio de esta estación y se actúe acelerando las obras en un lugar que no será todo zona verde sino paso de dos sentidos a cinco edificios de lujo de 17 plantas, es decir, del doble del inmueble de viviendas más alto del municipio y la mitad de la torre Iberdrola de Bilbao.

Dur. Tres letras históricas para el. 

Dur del gentilicio de duranguesas, durangueses, durangarras que soñaron con mantener esa estación de tren y que también estaban en su derecho. Aquellos que quisieron que sus hijos e hijas jugaran con serenidad a su lado, aprendieran en su interior o, sin coches, en los columpios de Ezkurdi.

Du. Dos letras históricas para. 

Hoy es un día triste para una parte de una ciudadanía que piensa que si hubiera sido en vez de una estación desprotegida un inmueble religioso privilegiado de esos que no tributan IBI, mañana seguiría en pie gracias a Dios. Pero no, la posición estratégica de la estación dificulta la gran ciudad moderna y contaminante que se prevé para el corazón de un municipio que se considera verde. Los últimos -en llegar- serán los primeros.

D. Una letra histórica.

D, así se llamará nuestro pueblo con una política desmemoriada que continúa echando abajo su pasado desde el silencio, o quizás D acabe convertido en un número o código de barras.

 

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