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El salto del pastor canario echa raíces en Euskal Herria en Durangaldea

Tomas

Tomás Ramos 

  · Tomás Ramos Rodríguez es miembro del colectivo Jurria Tenerra de Salto de Pastor Canario

En todas las actividades físico-deportivas de origen antiguo, ancestral, se pueden dar varias situaciones diferentes con el devenir de los años y los cambios sociales subsiguientes. Una es que al desaparecer o transformarse radicalmente el entorno social que las vio nacer, también éstas desaparezcan. Otra es que se transformen para adaptarse a la nueva situación social, y permanezcan como una actividad tradicional ligada a su cultura ancestral. En estos casos, a veces, incluso llegan a trasladarse a otros ámbitos geográficos no primigenios, generalmente a través de la emigración. Por último, en algunos casos, poco numerosos, pueden llegar a  extenderse masivamente allende sus fronteras originales, pues se les descubre una utilidad de proyección internacional que originariamente era impensable.

En este último caso siempre me ha gustado poner un ejemplo concreto: el surf. Desde siempre las playas, con sus olas, han sido un lugar de esparcimiento, recreo, diversión, actividad física y lúdica a lo largo del mundo desde tiempos inmemoriales.  Sin embargo, sin que se sepa la causa, fue solo  en el entorno del Pacífico Oriental donde apareció el arte de deslizarse sobre las grandes olas sobre una tabla de madera. Sorprendentemente, esta técnica pasó de estar al borde de la desaparición en su lugar de origen a fines del siglo XIX, a encontrarse en la situación actual de practicarse en cualquier playa del mundo donde haya buenas olas.

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Hace más de 20 años que me uní a los pequeños grupos ya existentes de canarios que intentaban evitar la desaparición del utilísimo arte ancestral de los pastores de cabras canarios, con sus largos bastones, llamados de diversas formas según las islas… lanza, astia, etc. Este arte, que carecía de nombre, un oportuno y decisivo estudio de investigación lo bautizó en su publicación  como “salto del pastor canario”, lo cual fue ampliamente aceptado.

Pues bien, desde esos primeros tiempos de rescate, a unos pocos se nos metió una idea  en la cabeza, aparentemente muy  ambiciosa o irreal, pero que con el tiempo ha comenzado tímidamente a concretarse: el salto del pastor canario no solo debía salvarse de la desaparición, y consolidarse como actividad deportiva, tradicional, cultural  canaria… sino que tiene que extenderse fuera de las islas que la vieron nacer. ¿Motivo? Porque allí donde  haya montañas agrestes, puede ser utilísimo para desplazarse con facilidad, rapidez y seguridad fuera de los senderos… ¡y además es divertido!

Por si fuera poco, es este un arte que no tiene edad ni necesita especiales condiciones físicas o cualidades para sacarle partido… excepto una sine qua non  hace falta amar la montaña. Luego, cada cual puede escoger o plantearse el nivel de perfeccionamiento que quiere alcanzar, y mejorar su rendimiento en las cumbres, según desee.

Es en este aspecto dónde hay que romper el primer escollo que nos encontramos quienes deseamos practicar y enseñar salto del pastor canario fuera de las islas Canarias: la “mala fama”, inmerecida, de practicantes de un  deporte o actividad de “alto riesgo” que nos hemos ganado. En parte, por culpa nuestra: las fotos, vídeos, exhibiciones, etc,  en Italia, Fórum de Barcelona, reportajes televisivos de Discovery Channel, televisión pública de  Renania-Westfalia, etc.. que lo han dado a conocer en el exterior, siempre han “pecado” de espectacularidad, de alturas máximas, de uso y abuso de la técnica denominada “regatón muerto” (salto al vacío), etc.

Esto ha sido tan absurdo como si, digamos con un símil, el esquí fuera un deporte recién salido de los países nórdicos, y lo que se propagase de él fueran únicamente los saltos desde trampolín….y no los suaves e iniciales descensos por poco inclinadas montañas nevadas. La gente se asustaría y pensaría que es cosa de gente arriesgada, temeraria, y dotada de especialísimas cualidades. Además, hablando de esquí, en el  salto del pastor canario lo menos que se hace es “saltar”, y la mayor parte del tiempo se trata de “deslizarse” suavemente a través de las montañas. Es el surf de las montañas, es el esquí sin nieve, pero con el instrumental en las manos, no en los pies. Es hora pues, de llevar al salto del pastor canario a la realidad concreta, lejos del exhibicionismo mediático, y pegada a la utilidad práctica en el monte.

Este pasado verano de 2016, a finales de julio y comienzos de agosto, después de varias visitas a Euskal Herria en años anteriores, me planteé realizar por fin un objetivo largamente deseado:  realizar en esta tierra, tan amante de la montaña, donde tantos amigos tengo y donde siempre he sido muy bien acogido (mil gracias a todos), una primera charla y un cursillo inicial para aquellos que pudieran estar interesados en conocerlo y practicarlo. Mugalari.info, muy amablemente, difundió la noticia, y el club de montaña Alpino Tabira me ofreció sus instalaciones para una charla inicial.

Mi objetivo era modesto, y a la vez ambicioso. No me preocupaba si la asistencia era mucho o poca…solo buscaba que, quienes fueran a la charla y posteriormente al cursillo a realizar en los montes de Durangaldea, quedaran convencidos de su utilidad, de sus posibilidades, y disfrutaran con ello. Que  comprobaran  que el aprendizaje de unas pocas destrezas básicas muchas veces repetidas hasta hacerlas parte de tu cuerpo, unido a un simple pero especialmente elaborado largo bastón, les hacía sentir más seguros, más ágiles, más capacitados y más libres en la montaña. Y que se motivaran para continuar perfeccionándose. Luego ya, cada uno se marcaría su meta: usar una lanza de 2 a 3 metros para senderos de gran desnivel o laderas de montaña de dificultad media, o llegar a las lanzas  de entre 3 y 4 metros para los riscos y montañas más agrestes. …

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El durangués Joseba Vera con dos nuevas lanzas.

Ese objetivo está cumplido en su primer paso. El salto del pastor ya se está practicando en estas tierras, ha echado sus  primeras raíces, un pequeño grupo de jóvenes y no tan jóvenes tienen sus propias lanzas, fabricadas aquí, salen al monte a disfrutar de él y quieren perfeccionar sus posibilidades. Las fotos que se adjuntan lo demuestran… El próximo verano, si el destino no lo impide, volveré a estar por estas tierras. Quienes ya se iniciaron el año anterior darán el salto definitivo (nunca mejor dicho) para alcanzar un nivel superior en el uso de la lanza montañera canaria, y otros nuevos, espero que se incorporen y le cojan el gustillo al asunto.

Por cierto, alguno de los alumnos más entusiastas y con posibilidades de viajar en invierno, ya ha reservado su viaje a mi isla de La Palma, para hacer el “segundo” curso de perfeccionamiento en esta tierra, en el, digamos, “estadio San Mamés” del salto del pastor canario: el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, lugar dónde se decía, con razón, que los antiguos pastores de este lugar eran, probablemente, los más hábiles con la lanza. El terreno lo exigía.

Ayúdanos a crecer en cultura difundiendo esta idea.

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