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Participación ciudadana en pepitoria

Oscar Gomez

Óscar Gómez Mera

Cuando al escritor Eduardo Galeano, bendito sea, le preguntaban de dónde sacaba las ideas para escribir, siempre contestaba que él escribía lo que veía y escuchaba. Y que un día escuchó a un cocinero que había reunido a todas las aves en la cocina de su restaurante. Allí estaban las gallinas, los pollos, los patos, los faisanes, los gansos… Y el cocinero les hizo la siguiente pregunta. ¿Con qué salsa quieren ser ustedes cocinadas? Todas las aves quedaron asustadísimas. Hasta que una humilde gallina tomó la palabra. Nosotras no queremos ser cocinadas, dijo. Eso está fuera de la cuestión, respondió el cocinero. Lo único que pueden decidir ustedes es la salsa en la que van a ser cocinadas.

En los últimos días me he acordado en varias ocasiones de esta historia que narraba el genial escritor uruguayo. El Ayuntamiento de Ermua va a poner en marcha un proceso que ha denominado de participación ciudadana. Durante la semana del 22 al 26 de octubre, las vecinas de la villa podrán participar en una consulta para optar entre las diferentes propuestas para cubrir la plaza Cardenal Orbe. Parece ser que ya está decidido cubrir la plaza, sea con una cubierta fija o una desmontable. Y también están decididos los tres proyectos finalistas de un total de 22. Llamar a esto proceso de participación ciudadana es un despropósito en toda regla. Hubiera sido tal si se le hubiera preguntado a la ciudadanía de Ermua desde un principio cuál cree que es la mejor manera de llevar a cabo actividades en Ermua cuando la climatología no acompaña. Podría ser cubriendo la parte de la plaza de manera fija, con cubiertas o carpas desmontables, utilizando para esos días de climatología adversa el infrautilizado mercado municipal, o cualquier otra que se les hubiera podido ocurrir. En un pueblo con 17.000 habitantes seguro que hubieran salido muchas más ideas. Y una vez tomada la decisión, que hubieran sido también las vecinas de Ermua quienes votasen desde un principio entre todas las propuestas que se hubiesen presentado, y no sólo entre tres. Es más, si queremos hablar de participación ciudadana, sí hubiera sido participativo poner en marcha un proceso donde las personas que viven en Ermua hubiesen decido a qué se destinan las diferentes partidas del presupuesto municipal. Habrá a quien lo de cubrir la plaza para cuando llueve le pueda parecer fetén, pero que a lo mejor considera que hay otras prioridades.

Es muy entendible que todo esto sea así. Burdo y simple postureo preelectoral. La verdadera participación ciudadana no interesa a quien gobierna y a la mayoría de quienes aspiran a hacerlo. Es muy peligrosa. Empodera a las personas. Y eso es precisamente lo que no quieren. Ciudadanas conscientes de su poder. Porque si verdaderamente las personas de a pie pudiéramos tomar decisiones vinculantes y llevarlas a cabo, podríamos caer en la cuenta de que a lo mejor no es tan necesaria la clase política profesionalizada que venimos padeciendo y sufragando. Que podemos ser nosotras quienes gestionemos y fiscalicemos nuestras decisiones. Soberanía creo que lo llaman en la Constitución del 78.

Huele ya a elecciones. Y los cocineros del Ayuntamiento de Ermua y quienes les hacen el caldo gordo han sacado su talante pseudoparticipativo a la calle. Se apresuran a hacer como que hacen cosas y que en esas cosas que hacen el pueblo tiene mucho que decir. Nada más lejos de la realidad. Somos las pobres aves del cuento de Galeano que sólo pueden elegir entre ser cocinadas al ajillo o en pepitoria.

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