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‘Mirandum se fué à la guerra’, por Anisia Serendipia

 

Anisia Serendipia

 

MIS OJOS, QUE CODICIAN COSAS BELLA_ El dulce lamentar de dos pastores, Salicio y juntamente Nemoroso, he de cantar, sus penas imitando. Tarde de sábado, vísperas de San Antonio y víspera de la Trinidad, el gran misterio. Desconocía esta celebración que según nos contaron los compañeros de Galandun Galundaina es grande fiesta en Portugal (se celebra el domingo posterior a Pentecostés). Nos lo dijeron antes de cantar la versión en su lengua, el mirandés, de la canción de Mambrú:

Mirandum se fué à la guerra/Mirandum, Mirandum, Mirandela/Num sei quando benerá/Se benerá por la Pasqua/Mirandum, Mirandum, Mirandela/Ou se por la Trenidade.

O eso creí entender porque después de contarnos lo de su lengua y preguntarnos si así lo preferíamos, ya se dirigieron a nosotros en mirandés, en la lengua mirandesa. Una lengua del subgrupo asturleonés hablada en el nordeste de Portugal, oficial en Tierra de Miranda (con el reconocimiento oficial de los derechos lingüísticos de la comunidad mirandesa) ellos dijeron que lo hablan unas 8.000 personas. Me acordé de que lo había estudiado en la universidad, el astur-leonés, y la expresión un “dialecto arcaizante” me vino de pronto a la cabeza: la mi lengua.

Muy interesante por su música, por sus instrumentos, algunos por ellos mismos creados: gaita, zampoña, dulzaina, rabel, salteiro, tamboril, panderos, flauta pastoril, flauta de hueso de ala de buitre que un amigo encontraba en un parque natural creí entender en la su lengua, recién descubierta para mí. Muy interesante por todo esto y por lo que los compañeros mirandeses nos contaron de la su tierra. Espero no haberme confundido en lo importante.

_ ¿Qué es esto, Nemoroso, y qué cosa puede ser tan sabrosa en otra parte a mí, como escucharte? _ Si fui al concierto Durango Hiria programado en las celebraciones de las Euskal jaiak 2022 fue porque me habían invitado a acudir, uno de los txistularis. No sabía que además de a Iker Sagalá, alumno de Musikene junto a Leire Retegi, y a sus compañeros de Silboberri iba a tener la fortuna de descubrir a Galandum Galundaina.

Sonaron, no recuerdo bien el orden, dos estrenos y la Fantasía de Tomás Aragüés. Escuchaba embelesada esta pieza, las deliciosas Doce bagatelas de Hilario Extremiana, presente entre el público, y La Sonatina evolucionada de Rodrigo de Santiago. El sonar del silbote, del txistu y del txistu bajo, que tan virtuosamente ejecutaban, me trasladó nuevamente a mis días de estudiante, o tempora, o mores. Se me agolpaban de pronto los tópicos literarios de la literatura bucólica y pastoril: el beatus ille, el locus amoenus…

_Oh más dura que mármol a mis quejas, y al encendido fuego en que me quemo más helada que nieve, Galatea_ A lo largo del concierto me acompañaba mi idolatrado Garcilaso de la Vega, el poeta que tomaba ora la espada ora la pluma. Pero es más poderosa esta que la espada, y los versos del poeta me envolvían: soñaba que en el tiempo del estío llevaba, por pasar allí la siesta, a abrevar en el Tajo mi ganado; y después de llegado, sin saber de cuál arte, por desusada parte y por nuevo camino el agua s’iba; ardiendo yo con el calor estiva, el curso enajenado iba siguiendo del agua fugitiva. Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

Durango Hiria, Galandum Galundaina, una sorpresa inolvidable, como estos versos del el soldado poeta que aprendí cuando era niña:

Y sobre todo, fáltame la lumbre
de la esperanza con la que andar solía
por la oscura región de vuestro olvido.

 

Y a otro le parecerá otra cosa (y Carpe diem)

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