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La paradoja de la rana hervida, cortoplacismo e inmediatez

ANder zubiria

Ander Zubiria

· Consultor de transición energética

Creo, honestamente, que hay preguntas que si no se les busca una respuesta no es porque nuestra imaginación no logre alcanzarla; sino porque la atisbamos y esta, en el fondo, nos incomoda. Hace un par de viernes mientras escuchaba al Dr. Julio Díaz Jiménez hablar sobre salud y cambio climático en el evento “Con energía desde casa” de la Fundación Renovables obtuve la respuesta a una de estas preguntas a las que tanto rehuimos: ¿Por qué no reaccionamos con más unidad y contundencia al cambio climático como estamos haciendo con el COVID-19? En la paradoja de la rana hervida tenemos la respuesta; y, es que, nunca una analogía me había hecho entender con tanta claridad esta y otras cuestiones inherentes a nuestra condición humana.

Julio decía lo siguiente: Si intentas introducir una rana en un puchero con agua hervida esta reaccionará rápidamente y saltará. Sin embargo, si tú introduces la rana a temperatura ambiente la hervirás a fuego lento. Pues exactamente igual reacciona el ser humano. Con rapidez ante estímulos agudos como puede ser un virus; pero con dudas o, incluso, inacción ante problemas que consideramos más difusos o de a largo plazo como es el cambio climático. Con esto no quiero decir que haya que priorizar el cambio climático a esta lucha; es más, sería algo tan absurdo como cocinar a fuego lento nuestra propia especie (nótese la ironía).

¿Y esto por qué es así? Creo que todo parte de que estamos tan inmersos en una carrera económica con una finalidad que no va más allá de producir más que el vecino, que no nos hemos parado a pensar en el rumbo que estamos tomando. Consumiendo nuestra condición humana y nuestros recursos naturales a pasos agigantados, consiguiendo que el ser humano tenga cada vez más; pero sea cada vez menos (feliz). A esto último añadámosle dos catalizadores que se retroalimentan entre sí: el cortoplacismo y la inmediatez.

Esta incesante carrera que mencionaba ha hecho que no seamos capaces de ver más allá del corto plazo y que lo queramos todo ya, sin esperas. Curioso que estos dos catalizadores sean mucho más manifiestos en nosotros, los jóvenes, los encargados de diseñar el futuro. Y es que sí, somos cortoplacistas y lo queremos todo ya porque nuestro modelo productivo se basa en que cuanto más mejor; pero también porque hemos tenido una gran suerte que nuestros abuelos no tuvieron: el tener acceso a la información. Pero, por primera vez tenemos un margen para pensar en ello, para replantearnos algunas cuestiones incómodas en las que no habíamos pensado y para decidir si queremos seguir con la carrera ahogante o si preferimos un viaje un poco más ligero de equipaje que nos permita disfrutar de las vistas. Claro que suena mucho más apetecible la segunda opción y, lo cierto es que, tenemos los medios para hacerlo. Esa misma información que nos llega a golpe de click y que nos hace ser impacientes, también nos servirá para empoderarnos y para ser más conscientes y mejores gestores de nuestra realidad (si somos críticos y la filtramos, claro).

Yo ya me he tomado un rato para reflexionar y creo que quiero tener algo menos para ser más, que quiero ser conocedor y gestor de mi entorno y que hay que parar, de vez en cuando, a tomar un poco de aire. Porque el no hacerlo nos ha llevado a donde estamos, a un punto de inflexión, a tener tanto, pero saber tan poco… Ah, y como no nos apresuremos, a estar en el menú. ¡Ancas de rana!

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