JASP

JON ARTABE
Para los que peinamos ciertas canas, el acrónimo JASP nos trae a la mente cierto anuncio de un conocido coche, allá por mitad de los 90. El mensaje del anuncio era pegadizo: Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados. JASP. Un término que se hizo muy famoso en aquellos días, reivindicando a aquella generación que se había incorporado masivamente a la universidad, y que se enfrentaba al paro y a las respectivas crisis económicas de la época. La generación mejor preparada de la historia, ante un escenario sombrío incapaz de sacar partido a sus capacidades.
Aquel fue un verdadero momento de reivindicación de toda una generación. Algo inusual en una sociedad, como la nuestra, donde la juventud siempre se ha asociado a otro tipo de adjetivos, mucho menos positivos. Años después del JASP, surgirían términos como el de los ni-ni, con el que se censuraba a parte de una generación por vivir en la comodidad, sin ilusión ni perspectiva por un futuro, y con la despreocupación hacia las responsabilidades de la vida adulta.
Pero es momento de volver a romper una lanza en favor de las nuevas generaciones que nos rodean. Recientes experiencias que hemos tenido en Amorebieta-Etxano, como el gran éxito de la I Feria de Empleo y Formación Juvenil; la gran acogida de la bolsa juvenil de primer empleo, o el interés suscitado entre las y los jóvenes del pueblo hacia el proyecto Zuok de participación juvenil; demuestran que nuestras y nuestros jóvenes se preocupan por su formación, su futuro empleo, su aportación al municipio, y en definitiva, por el futuro de su comunidad. Más allá de la imagen usual que se asocia con la juventud, de rebeldía irresponsable, radicalismos infantiles, o reivindicaciones al margen de la realidad, existe una juventud asentada en la realidad, que busca su lugar en el mundo de una forma responsable y compartida con el resto de las personas con las que comparte su vida diaria.
Porque tenemos una juventud que se preocupa por el futuro, y por ello se forma, estudia, trabaja y participa en los foros en los que se les da voz para que construyan no sólo un futuro mejor para ellas y ellos mismos, sino para todas las personas que les rodean. Una voz que se escuchará también en el proyecto para imaginar la Amorebieta-Etxano del futuro, Ametsetatik Herrira, aportando cómo es su visión soñada de una Amorebieta-Etxano mejor dentro de veinte años. Una presencia que también se descubre en nuestras bibiliotecas, institutos, universidades, aulas de estudio, centros de trabajo, asociaciones culturales y deportivas… Una juventud que se esfuerza día a día, y a la que todas y todos, debemos ayudar.
Porque no nos engañemos. No necesitamos sólo a nuestras y nuestros jóvenes para que mantengan nuestras pensiones, o mantengan la actividad económica e industrial que permita mantener nuestra calidad de vida actual. El desafío demográfico que enfrentará esta generación será brutal. Y con ellas y ellos, también nuestra generación. La juventud de ahora, tendrá que ser la base de una sociedad envejecida, donde la población de mayor edad superará ampliamente a la población joven. Porque ellas y ellos tendrán que trabajar en las fábricas, curar nuestras enfermedades, enseñar a sus descendientes, cuidarnos, protegernos, es decir, sostener nuestra futura calidad de vida. Pero también tendrán que participar en asociaciones culturales, organizar fiestas de barrio, mantener abiertos los comercios, organizar actividades deportivas, fomentar nuestra cultura, proteger y difundir nuestro patrimonio…, y muchas cosas más.
Es hora de que comencemos a darnos cuenta del desafío generacional que nos espera. Que las y los que vienen por detrás son menos en cantidad, y que tendrán que sustituirnos en las múltiples tareas que han hecho de nuestros pueblos lugares vivos y generadores de bienestar. Es hora de que les ayudemos a dar ese paso, dotándoles de instrumentos para que puedan desarrollarse, para que en un futuro sean nuestro sostén. No sólo porque se lo merecen, sino porque nuestra calidad de vida en el futuro dependerá de estas nuevas generaciones. Es hora de que reconozcamos a esa juventud trabajadora, responsable y con ganas; que les demos las herramientas para que puedan desarrollar su potencial; y que reconozcamos la enorme tarea que les espera por delante, ya que en un futuro, ellas y ellos, aunque sean muchos menos, serán los que sostendrán nuestros pueblos y nuestras comunidades para que sigan siendo prósperas y amigables. Decía el poeta George Herbert, que la juventud vive de la esperanza, y la vejez del recuerdo. Alimentemos la esperanza de los jóvenes, porque esa es, quizás, nuestra única esperanza para el futuro.







