El qué y el cómo

VICENTE CARRASCO BIXEN
Hay una parte de Gipuzkoa donde hablan en bizkaiera. En uno de los muchos que hay. Y hay una parte de Bizkaia en la que hablan una mezcla de dos de esas variantes. O, como decía nuestro querido Bittor Kapanaga, el sabio bondadoso más sabio y más bondadoso, resulta que lo que hablan es alavés. Pues precisamente hay una parte de Araba que está entre una y otra de estas áreas. Oleta. Concejo y anteiglesia perteneciente a Aramaio, entidad municipal de la que está separada por un puerto de montaña estupendo donde puede uno encontrarse nieblas, jabalíes, corzos desbocados y controles de la Guardia Civil en cualquier momento del año. Eran otros tiempos, me dicen. Sí, ahora hay menos nieblas y más corzos. Las ovejas que entran por las que salen.

Hay otras Oletas (cinco) pero hoy hablamos de esta. Oleta tiene como telón de fondo un monte colosal tras otro, todos ellos cargados de historias: Zabalandi, Izpizte, Anboto, Orixol. Gorbeia no sé si se ve, pero desde Otxandio, que está muy cerca, sí.
En Oleta tenían unas danzas de mucha importancia que se bailaban el 15 de agosto, que en Oleta es el día de la virgen, como pasa en muchísimos otros sitios. Fiesta mayor donde las haya. Antes había días en los que la gente de pueblos, granjas y poblados se concentraban todos en un mismo sitio. Eso tenía consecuencias de todo tipo, entre ellas que la gente se echara el ojo, que se mezclara y de ahí salieran bodas con gente que no era de tu pueblo diminuto (reduciendo así la posibilidad de intentar casarte con tu primo). Pero los tiempos cambian, la gente con él, y las danzas se dejaron de hacer. Pasó tanto tiempo que casi se pierden definitivamente. Pero para saber a dónde vamos hay que saber, entre otras cosas, de dónde venimos y las danzas hubo que recuperarlas. Como antes no había cámaras por todas partes, de algunos momentos con suerte había fotos, pero vídeo o película, en general hay poco y de esto no hay nada. Así que recuperaron las danzas hablando con los últimos que las conocían bien, ya mayores. Muy mayores.

Muchas danzas vascas, las que más gente conoce, incluyen tirar la pierna extendida muy alto, hasta apuntar al cielo. Muchas veces. Es un alarde atlético, rayano con lo mágico, porque a veces pudiera uno decir que están más tiempo en el aire que en el suelo. Pero esta danza de Oleta es especial. Pareciera que van con mucho cuidado. “Cogidicos” de la mano. Cerca del suelo. Sin excesos. Algo que en esa parte del mundo se estila poco, sean danzas o sea cualquier otra cosa.
Y podría haber más casos de este fenómeno. Reparemos por un momento en el aikido. Hermoso arte marcial que se practica en preciosas salas, vistiendo uniformes elegantísimos en los que ejecutan cabriolas tan vistosas como inútiles. Salvo para caer. Caer caen muy bien, eso no se lo quita nadie. El aikido está tan centrado en usar la energía del atacante en su contra, que no contempla siquiera el atacar. Con el aikido no se puede atacar. Por si fuera poco, el atacante debe atenerse a las normas del aikido para atacar. Tiene que atacar así o asá, con una sola intención, poca intensidad y avisando con bastante antelación. Telegrafiando los movimientos, que se dice. Sobre si es posible defenderse de una agresión en la vida real con aikido, incluso siendo una persona con décadas de experiencia en la materia, hay disparidad de opiniones. Si opina alguien que sabe aikido y nada más que aikido, el aikido es fantástico. Si opina cualquier otra persona, sobre todo alguien que sepa un mínimo de cualquier arte marcial o disciplina que contemple la posibilidad de la acción impredecible, espontánea y real del oponente, el aikido está más cerca de actividades como la petanca, el boomerang o los paseos junto a un lago: es perfecto para levantarte del sofá. Y ya. Una de las teorías de por qué el aikido es como es, es porque su transmisión, que supuso un rescate del olvido, vino de maestros muy, muy mayores.

Por si fuera poco, el aikido tiene además en su contra el haber hecho una celebridad mundial a Steven Seagal, que es a las artes marciales lo que Vito Quiles es al periodismo, llegando a esparcir sus malas artes a tantas disciplinas que ha sido igualmente dañino para el reggae imitando el acento jamaicano con la misma saña con la que actúa en esas películas que escribe, dirige y protagoniza. Ni César Vidal hizo tanto daño con su álbum de country. Quizás porque Steven Seagal sí que hizo las canciones de su propio disco y no puso su cara en un disco con música de otros. En fin.
Cómo iban a saber todo esto quienes querían evitar que el aikido se desvaneciera y fueron, con la mejor intención del mundo, a hablar con los últimos maestros vivos, ya muy mayores. Muy mayores.
¿A qué conduce todo esto?, que decía Antón Reixa en Esan Ozenki, mucho antes de escribir en ABC. No tiene sentido reinventar la rueda todos los martes. Y si eso de que está todo inventado es cierto, que tengo mis dudas, no es mala idea tener un ojo puesto en lo que ya existe y en lo que ya existió. Lo que no tengo tan claro es si no estamos poniendo el mismo afán tanto en el qué como en el cómo.

A ver si vamos a estar a veces repitiendo una buena idea sin separarla de los vicios, los miedos y las pejigueras. A ver si vamos a estar repitiendo algunos pasos con mucho cuidado porque así nos los explicaron. Tengo el pálpito de que muchas veces vamos dando saltitos con mucho cuidado, “cogidicos” de la mano, cuando no hay necesidad ninguna. Con demasiado cuidado para las consecuencias que de verdad necesitamos.








