No convivimos solo personas blancas
IBAN GORRITI
Durangaldea no es una comarca de personas blancas. Durangaldea no es una comarca de personas solo blancas. Durangaldea es una comarca industrial que ha recibido migrantes desde décadas atrás, como nuestros ascendientes de Durangaldea también migraron antes a América, a Suiza…
Dicho esto, sorprende que, en la publicidad de los centros escolares de nuestras villas y anteiglesias -lo que solo es un ejemplo más-, estos días solo y únicamente se difundan en ella imágenes de niñas y niños de piel blanca cuando en la mayoría de aulas de nuestros hijos e hijas hay menores nacidos en Durangaldea, pero con pieles con más o menos melanina –pigmentación diferente-, es decir, de procedencia materna y/o paterna africana, americana, asiática…
Contempladas las fotografías que divulgan tanto centros escolares públicos como concertados llama la atención que se invisibilice –aunque fuera sin querer- a niñas negras, a niños asiáticos, a americanos. Solo en sus textos se habla de diversidad, inclusividad, igualdad de oportunidades,… Años atrás escuché una frase de un colegio que no me gustaría repetir aquí, pero si el objetivo de los centros es mostrar que su alumnado es blanquito estamos eludiendo la realidad de mi escalera, del equipo de deportes de tu hijo, de las risas que comparte tu hija con Moha, Selton, Amina, -algunos, incluso, se llaman Unai o Matxalen- Camila, Chen,…
En ese momento, con esas difusiones a toda la comunidad, no solo se pierde realidad, sino que se les despoja a todas esas personas invisibilizadas y a sus mayores de sus derechos básicos, al tiempo, que se pierde riqueza de pensamiento y se abrazan –sin querer- discursos xenófobos y racistas que permiten ‘legitimar’ relatos de barra de bar sin ningún argumento, salvo la diferencia.
Hago un llamamiento humilde a plasmar verdad, realidad, y no solo en el ámbito educativo, sino en todos, por ejemplo la Euskal Selekzioa que en su último partido contra Palestina únicamente convocó a futbolistas blancos. Somos pocos, pero a algunas personas que analizamos estas actuaciones, nos choca ver cómo se desvirtúa a la sociedad diversa en la que vivimos. De hecho, conozco activistas que aunque luchan a diario contra todo esto, sienten el desgaste, volcar energías un día sí y otro también en abrir los ojos a su vecindario, pero luego llega una campaña de publicidad como esta de los centros escolares y de nuevo la moral por los suelos.
Más cuando son docentes –es decir, profesionales de la educación- quienes eligen las fotografías. Y habrá argumentos (a medias) para todo esto desde la denominada “fragilidad blanca” (white fragility), calificada como reacción emocional defensiva que sienten algunas personas blancas cuando se habla de racismo, de privilegio blanco o de desigualdades estructurales. Normalmente dicen: “Yo no soy racista”. Negación: “Eso no es así”. Sensación de sentirse heridos por algo que se ha dicho. Silenciar o cambiar de tema. Echar la culpa a otras personas. “Esa fragilidad es la incomodidad que surge cuando una posición que nunca ha sido cuestionada se siente puesta en duda. Cuando alguien señala a un sistema que te ha protegido, existe la tendencia a sentirse atacado personalmente. La fragilidad blanca no es una cuestión de intención, sino de costumbre y de estructura”, aporta a esta columna de opinión la activista antirracista referente y referente para quien firma, Itziar Larrinaga, de Abadiño.
Con todo, hago un llamamiento a tener en cuenta a todas las personas, no que vivimos en Durangaldea, sino que somos Durangaldea. Y las instituciones, por su parte, podrían programar acciones reales contra el racismo en nuestros pueblos, para vivir en armonía con quien te cruzas en la calle y en el ascensor, o cuando vas a recogerá a tus hijas e hijos al colegio. Enriquécete fuera de tu gueto de confort. Quita miedo al porcentaje de melanina, que no es otra cosa que el pigmento natural producido por los melanocitos en la epidermis que determina el color de la piel, cabello y ojos, actuando como escudo solar. Lo demás es tu forma de mirar y tus creencias propias o heredadas sin base. El color de todos los cerebros es gris, como el tuyo, sin embargo, las pieles son el mundo que vives. Ya es hora de no buscar diferencias ni de crearlas.









