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Cosas del fútbol: ismos vs. istmos

Michel Seoane

Michel Seoane

Estando inmersos en plena Eurocopa a uno se le hace difícil no hablar de futbol.

Y qué mejor manera que empezar hablando de nosotros mismos. Hace ya algunas semanas las jugadoras del Athletic se proclamaron campeonas de Liga. Después de una campaña de esfuerzo, sudor  y, a buen seguro, alguna que otra lagrima, lograban tan ansiado triunfo. No queda más que felicitarlas y emplazarlas para que el año que viene lo vuelvan a intentar con tanta valentía y coraje, que para eso son las leonas. Eeeeeeup!

Pero a los leonas se les ha negado el paseo triunfal que tamaña gesta merece. Y algunos han creído ver aquí feminismo, machismo, oportunismo, etc…

Hay que ver con cuánta frecuencia utilizamos los “ismos”, más si cabe en plena campaña electoral, y qué poco nos ayudan en nuestro día a día. El “ismo” no es más que un sufijo que  acompaña a los sustantivos con el objetivo de adoctrinar en una línea de pensamiento único, desmereciendo el resto de ideas y opiniones.

El machismo más retrogrado no se combate con un feminismo recalcitrante, ni el comunismo más trasnochado se supera con un capitalismo liberal y salvaje. Ni viceversa.  A los “ismos” se le vence con los istmos. Todos sabemos que un istmo es una lengua de tierra que une dos continentes entre sí o una península con un continente.

Para vencer a los “ismos” necesitamos istmos ideológicos que sirvan de unión entre diferentes posturas ideológicas radicales y encontradas. Espacios donde el interés y el bien  común estén por encima de los delirios y egos  de quienes solo saben enrocarse en su doctrina.

Pero volvamos al fútbol, que es de lo que se trata. Decía que las leonas se han quedado sin su anhelado paseo triunfal por la ría. Y no acierto a entender por qué un club, una ciudad e incluso una provincia privan de este homenaje a las chicas del Athletic. Al fin y al cabo, se trata de ofrecer un triunfo a su afición. Y estando en Bilbao, en los tiempos que corren, otrora sería imposible, qué mejor modo de hacerlo que navegando por la ría. Ni siquiera hacía falta sacar la poco menos que “sagrada” y me temo que “apolillada” gabarra. Bastaba con alquilar cualquier embarcación de recreo, de esas que surcan la ría a diario,  para que desde allí la afición disfrutase del triunfo y las chicas del merecido reconocimiento.

Turno ahora para el futbol internacional. Estamos en plena Eurocopa, esa competición futbolística que se disputa cada cuatro años en Europa. Una Europa que se encuentra atenazada en estos momentos por una crisis interna que está haciendo que tiemblen los cimientos sobre los que se construyó y amenazada por aquellos que intentan borrar a golpe de kalashnikov las ideas fundacionales morales y políticas de este continente.

Sin entrar a valorar el verdadero espíritu y los intereses que mueven este tipo de acontecimientos deportivos, no se puede entender que haya países que permitan que sus aficiones aprovechen este tipo de eventos para sembrar el caos y contribuir a la inestabilidad e inseguridad de las ciudades. No se entiende tampoco que la UEFA y la FIFA no actúen con más rigor y sancionen ejemplarmente a estos países y selecciones.

En esta Eurocopa, en la situación que se encuentra el denominado viejo continente,  lo que han hecho algunas aficiones, (o algunos aficionados) como por ejemplo las de Rusia, Croacia e Inglaterra, no debería tener eximente alguno y debería ser castigado de un modo drástico.

Los que estudiamos la E.G.B. recordamos en nuestros mapas del mundo una Europa con muchos menos países. Recordamos aquella gran extensión de color ocre que era la URSS y que con la caída del antiguo régimen dio lugar a multitud de Países. Recordamos también a Yugoslavia y su bandera tricolor con la estrella roja en medio. Su desmembramiento dio lugar también a otros países.  La aparición de estos nuevos países estuvo precedida en demasiadas ocasiones por guerras, luchas sin cuartel y por la violación sistemática de los derechos humanos. Esto es un motivo de vergüenza y sonrojo para todos los europeos.  Aún así,  no se debería permitir a las aficiones de estos países reivindicarse a base de violencia callejera en medio de la celebración de un acontecimiento deportivo y menos aún en una Europa resquebrajada y amenazada.

Lo de Inglaterra es harina de otro costal. Los aficionados de este país han dejado muestras de su comportamiento e incivismo en multitud de ocasiones. Además, como quiera que ellos se han autoproclamado los inventores del fútbol, pues eso, que pueden hacer lo que les dé la gana.

Inglaterra hace gala de ese libertinaje también como miembro de la Unión Europea, que si me voy, que si me quedo, que qué hay de lo mío, que primero yo y luego yo y luego ya veremos, que Dios salve a nuestra reina pero que apriete a los demás hasta que los ahogue, que no me gusta el euro, que  me enfado y no respiro. En definitiva, que si queréis me quede, tenéis que aceptar “octopussy” como animal de compañía.

Mucho me temo que los hijos de la Pérfida Albión son más de “ismos” que de istmos.

Pero debemos volver al fútbol, que es de lo que se trata. La Eurocopa está siendo víctima de ese periodismo escandaloso y de postal presto a criticar y/o aplaudir  desmesuradamente looks y atuendos varios, que se recrea en el amiguismo y colegueo con los jugadores,  que banaliza las entrevistas con los aficionados y que empalaga recitando y comentando la parrilla de programación de su canal en el minuto 85 de partido.

Y para terminar, más futbol. Ese deporte de masas que magnifica jugadores, camisetas, marcas, estadios, partidos, momentos… Y por encima de todo, simples mortales. Muchachos, en muchos casos, con las hormonas descontroladas y deudores de sus instintos más básicos.

No se equivoquen, no estoy por la labor de pronunciarme sobre lo veracidad o no de lo aparecido recientemente en las noticias, en relación a los escarceos sexuales de este o aquel jugador.

Simplemente, llamar la atención sobre la frecuencia con la que los jugadores de futbol, y a veces otros deportistas, son noticia por motivos extradeportivos. No faltan, como decíamos, los de índole sexual, relacionados con las tramas de apuestas, con la infracción severa de las leyes de tráfico, por consumo de sustancias prohibidas, etc…

Y uno piensa que quizá como espectadores debiéramos exigir a sus propios clubes, a las marcas que los patrocinan y a los propios jugadores un comportamiento en sociedad acorde al nivel que ocupan en la misma y a su repercusión mediática.

Si no lo hacemos, nos puede pasar que nos compremos la camiseta con el nombre de nuestro ídolo y que éste resulte ser la versión 3.0 de Andrés Pajares y Fernando Esteso o la versión macarra de los protagonistas de la película “Granujas a todo ritmo”.

En fin, a ver si acaba pronto la Eurocopa y podemos dejar de hablar de fútbol.

Ayúdanos a crecer en cultura difundiendo esta idea.

Bilatu