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Azoka: 50 años de voluntariado ‘herrikoia’

Aitziber Atorrasagasti

Aitziber Atorrasagasti

Hace sólo unos días Gerediaga elkartea puso en marcha un programa de voluntariado para la próxima Durangoko Azoka. Este nuevo proyecto intentaba poner en valor ese espíritu inicial de la Azoka, en el que se echaba una mano aunque fuese detrás de un stand.

La Plataforma del Voluntariado de España define la acción voluntaria dentro de unos márgenes estrechos, que más recuerdan a una sociedad confesional cercana a la primera Azoka, que a la sociedad que influye en la Azoka de hoy en día. Me explico: la acción voluntaria, se limita a la intervención “frente a situaciones de vulneración, privación o falta de derechos u oportunidades “, que en el marco de la cultura vasca de 1965 adquiría todo su sentido, pero en una Azoka en 2015 genera dudas (pese a que la cuestión de la vulneración del derecho a vivir en euskera, por ejemplo, sea un debate sin cerrar).

Personalmente, me recuerda más a la catequesis por la que conseguías el cielo si ayudabas a alguien que lo necesitaba, que a un hecho que debería ser social en su esencia, cercano a un modelo colaborativo entre iguales, sin artificios marketinianos de chantaje emocional.

La reciente Ley 45/2015 de Voluntariado, vuelve a ser un paso atrás, al deslegitimar cualquier acción social espontánea o natural, fuera de la red de las denominadas entidades de voluntariado. En este caso, al legislador, en su afán  de ordenación, el subconsciente le ha generado una mala jugada… el voluntariado no es exclusivo de un modelo de gestión de ciertas organizaciones.

Me quedo con lo recogido en el Manifiesto de Conclusiones del 8º Congreso Estatal del Voluntariado, que más allá de definiciones, dice que el voluntariado es una forma de ser y una manera de participar activamente en la sociedad y en el entorno, mediante un compromiso sincero que parte de lo local y que aspira a la universalidad.

Las persona voluntaria de la Azoka no intenta solucionar de una forma directa problemas propios de nuestra cultura. Más bien se trata de una acción generosa basada (aunque no me guste demasiado el  término) en el amor. Es por ello, por lo que la Azoka, aunque este año haya etiquetado y organizado un programa de voluntariado, ha basado estos 50 años, parte de su identidad en el voluntariado. Porque en esa acción generosa, que parte del compromiso y aspira a lo universal, han sido voluntarios todos aquellos que visitando la Azoka, han canalizado la transmisión de la cultura vasca a hijos, nietos, hermanos, amigos, parejas, compañeros, vecinos, conocidos o desconocidos.

Ha sido esa acción social surgida de forma natural lo que ha definido en parte a la Azoka, y ha prestigiado nuestra cultura, en un adjetivo tan sencillo como “herrikoia”.

Ayúdanos a crecer en cultura difundiendo esta idea.

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