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¿Quién fue Arancibia, el arquitecto monárquico de Durango y alcalde de Bilbao?

MUGA PATRIMONIO

En la memoria colectiva, la figura de un alcalde con raíces en Durango evoca automáticamente a Iñaki Azkuna. Sin embargo, los archivos históricos revelan que no fue el único mandatario en establecer este poderoso puente entre la villa y la villa de Durango. Mucho antes que él, a principios de la década de 1920, otro durangarra, Juan Francisco Arancibia Lebario, tomó las riendas de la capital, dejando un doble legado: una huella política definida por sus convicciones conservadoras y una herencia estructural escrita en piedra y hormigón.

El mercado fue diseñado por el arquitecto Arancibia.

La llegada de Arancibia a la alcaldía el 1 de abril de 1922 se produjo en un ambiente convulso y altamente polarizado. Guiado por su firme ideología maurista, ascendió al poder por Real Orden bajo la bandera de la Liga de Acción Monárquica. Su nombramiento provocó la vehemente oposición de las minorías republicanas, socialistas y nacionalistas vascas de la corporación local, quienes cuestionaron con dureza la intervención directa del gobierno central en la autonomía municipal. Arancibia se mantuvo en el cargo hasta agosto de 1923, cuando presentó su dimisión apenas unas semanas antes de que el golpe de Estado de Primo de Rivera transformara el panorama institucional del país.

ARQUITECTO MUNICIPAL DE DURANGO

Sin embargo, más allá de su breve y turbulento mandato político, la contribución más duradera de Arancibia se forjó a través de su verdadera profesión: la arquitectura. Antes de gobernar Bilbao, ejerció extensamente como arquitecto municipal de Durango. En este rol, se convirtió en una pieza clave para la modernización de su localidad natal, encabezando proyectos de infraestructuras públicas cruciales, entre los que destaca su papel fundamental en el desarrollo y construcción de la plaza del mercado de Durango, un motor socioeconómico vital para el municipio. En 1927 se cumplirá un siglo de la colocación de su primera piedra. 

Su visión arquitectónica, no obstante, no se limitó a Durangaldea. Arancibia -que también fue presidente de la Sociedad Bilbaina entre 1913 y 1914- trasladó con su obra al cambiante paisaje urbano de Bilbao, demostrando que su dedicación a la villa sobrevivió a su salida de la política. Entre sus diseños residenciales más notables en la capital se encuentran el edificio de viviendas de la calle Irala, 4 (proyectado en 1930 y llamado el Notting Hill de Bilbao por su diseño) y, ya en su etapa de madurez profesional, el emblemático complejo residencial de la plaza del Sagrado Corazón, 1 (1955).

LA PLAZA DE ABASTOS Y MERCADO DE DURANGO

El segundo volumen del libro El Patrimonio Industrial del País Vasco detalla las particularidades del la Plaza de Abastos y Mercado de Durango. Se localiza en el extremo norte del núcleo urbano medieval de la villa, cerca del Ayuntamiento y del pórtico de Santa María de Uribarri. En 1927, el arquitecto Juan de Arancibia es el encargado de realizar el proyecto de Plaza de Abastos y Mercado para la villa de Durango, proyecto que será ejecutado con diversas modificaciones.

Para su construcción se recibieron subvenciones por parte de ciertos propietarios ubicados en las inmediaciones de la futura plaza, por considerar que la actividad que se iba a desarrollar en ese lugar beneficiaría a sus inmuebles. Entre ellos cabe citar a la viuda de Barrio, Rafael Piedra, viuda de Larrañaga, Juan María Besoitagoena, viuda de Velau e Hipólito Guerediaga.

Es un inmueble acorde a la monumentalidad de la villa en el tratamiento de sus fachadas, aunque alejado de los valores que en toda Europa estaban dotando ya a la arquitectura de formas más limpias y funcionales. En su fachada se abren grandes ventanales, enmarcados por pilastras que se prolongan acapiteladas hasta la cornisa.

Destacan sus accesos a través de grandes arcos de medio punto, enmarcados en cuerpos sobreelevados y escoltados por resaltos murales de sillería de talla deliberadamente tosca, y pilastras que se elevan en los esquinales simulando almenas. Se integra perfectamente en el casco urbano de la villa de Durango, con una arquitectura que en su lenguaje pretende acercarse a la monumentalidad de los edificios cercanos.

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