Se cumplen diez años sin la duranguesa Martina Macarrón, la de la ‘tienda de Camy’
MUGA EN EL RECUERDO
Se cumplen diez años del fallecimiento de Martina Macarrón Palomar, superviviente de los bombardeos contra Durango de 1937 e inolvidable tendera muy querida por varias generaciones.

Martina Macarrón en la tienda de Camy de Durango. TXELU ANGOITIA
Si ayer recordábamos la figura de la marchantera Boni, hoy traemos a la memoria a su hermana, Martina Macarrón Palomar, debido a que se cumplen diez años de su fallecimiento. Martina, la de la tienda de Camy, fue una de las personas más conocidas por los niños y niñas de Durango durante las décadas de los años 80 y 90. Falleció el 17 de septiembre de 2016, a los 80 años, en silencio, sin que su despedida trascendiera públicamente.
Durante casi tres décadas regentó un pequeño comercio de golosinas en régimen de alquiler, situado en el bajo de una vivienda del portal número 12 de la céntrica calle Andra Maria, frente al conocido pórtico de la villa. Aquel establecimiento, al que se accedía desde el interior del portal, formó parte de la infancia de varias generaciones de durangarras. Cerró definitivamente en el año 2000, tras unas obras en el inmueble que impidieron a la familia continuar con el negocio.
Nacida en Durango el 1 de enero de 1936, Martina fue también superviviente de los bombardeos fascistas que sufrió la localidad el 31 de marzo y los días 1, 2 y 4 de abril de 1937. Apenas tenía quince meses cuando su familia tuvo que huir de su hogar de Artekalea hacia Bilbao. Sin embargo, al comprobar que no tenían dónde refugiarse ni comida, regresaron a Durango a los pocos días.
En 2016, su hija Pili recordaba cómo habían escuchado contar en casa que Martina lloraba antes de la llegada de los aviones. «En casa siempre hemos oído que mi madre lloraba antes de llegar los aviones bombarderos, como si, a diferencia de las personas adultas, ella sí lo notara», explicaba entonces. También evocaba el regreso al hogar: «A mi madre le dieron de comer un biberón de agua con azúcar. Habían vuelto porque decían que preferían arriesgarse a morir, pero estar en casa».
Martina había estudiado con las monjas de San Vicente de Paúl. Era la quinta de seis hermanas. Dos fallecieron siendo muy pequeñas y salieron adelante Bonifacia, la popular Boni, pregonera de las fiestas de Durango; Mari; Martina, y Tere. En 2016, esta última era la única que seguía con vida.

Martina, Ramón y Boni. IBAN GORRITI (MUGA)
Pionera en vender helados Camy y pasteles de Arrese y Quincoces
Martina contrajo matrimonio con Justo Martín, trabajador de una fundición que aprovechaba sus días libres para instalar puestos de golosinas en distintos pueblos y fiestas. La pareja tuvo cinco hijos: Pilar, Justo, Javi, Alberto y Joseba.
La conocida como La tienda de Camy debe su nombre, según explicaba la familia, a que fueron los primeros en poner a la venta helados de aquella marca. También aseguraban haber sido pioneros en vender pasteles de Arrese, que transportaban desde Bilbao a Durango en tren, y posteriormente las palmeras de Quincoces, de Lekeitio.
En los últimos años de actividad, su hija Pili se turnaba con ella detrás del mostrador. El comercio cerró definitivamente en 2000, después de unas obras en el edificio que impidieron a la familia continuar con el negocio. Con aquel cierre desapareció un pequeño establecimiento, pero no el recuerdo de quienes habían cruzado su puerta durante años.
Una mujer generosa y querida
Más allá de las golosinas, Martina dejó huella por su carácter y su generosidad. Su hija Pili la describía así en 2016: «Mi madre era muy buena, y no lo digo yo solo. Ahora, cuando íbamos al hospital, le querían todas mucho. A las de allí siempre les llevaba algo: unos patucos…».
Hacer punto y ganchillo era una de sus grandes aficiones. También disfrutaba de la poesía y guardaba con cariño los poemas que recortaba de la sección Rincón de la poesía de la revista Pronto.
La historia de Martina es la de una mujer que sobrevivió a los bombardeos de su infancia, formó una familia y convirtió un pequeño comercio del centro de Durango en un lugar entrañable para varias generaciones. Su tienda fue mucho más que un establecimiento de golosinas: formó parte de la memoria cotidiana de la villa.
En aquella conversación de 2016, Pili recogía el cariño que tantas personas sentían por su madre con una frase que resume su legado: «Amigas me dicen que mi madre hizo la vida más dulce a todo Durango».




