Los jesuitas Periko, Casado, López y Katxo despiden a Pablo Altuna en Loyola
MUGA GOGOAN
Alberto Pérez Pastor Periko, Jon Casado, Juanjo López y Koldo Katxo encabezaban la representación de antiguos compañeros jesuitas del colegio y la comunidad ignaciana San José de Durango que este domingo ha estado presente en el Santuario de Loyola para dar el último adiós al hermano Pablo Altuna Achaga, quien durante 33 años entregó su vida al centro educativo y a la comunidad, dejando huella entre quienes le conocieron. Las exequias han sido concelebradas por numerosos sacerdotes.

Dos pantallas informaban sobre su persona. MUGA
Tras el funeral de cuerpo presente, oficiado casi íntegramente en euskara — lengua materna que Altuna defendió y promovió con convicción durante toda su vida—, los presentes acompañaron el féretro hasta el cementerio del santuario. Allí se vivió el momento más emotivo de la despedida cuando se entonó Xalbadorren heriotzean, el inolvidable himno de Xabier Lete, que puso voz al cariño y al agradecimiento hacia un hombre que hizo de la humildad, la austeridad, el buen humor y la cercanía su forma de vivir.

Los excompañeros de Durango compartieron recuerdos y vivencias con quienes viajaron desde la villa para despedir a uno de los jesuitas más queridos de la comunidad ignaciana. Quienes le conocieron destacan su sencillez, su disponibilidad permanente para ayudar a los demás y su carácter afable. Gran aficionado al deporte, seguía con pasión a la Real Sociedad, una de sus grandes aficiones junto a la vida comunitaria y el servicio a los demás.

Con la despedida de Pablo Altuna concluye la trayectoria de un hombre que dedicó casi siete décadas a la Compañía de Jesús y que convirtió el servicio silencioso en su mejor legado. En Durango, donde pasó la etapa más prolongada de su vida, su recuerdo permanecerá vivo entre varias generaciones de alumnos, familias y compañeros que tuvieron la fortuna de compartir camino con él.
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