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DOS CULTURAS, UN PUEBLO · Rumana y zornotzarra, la «mejor vendedora» de la ONCE en Euskadi

AMAIA URTUBI

MUGA COMERCIO

Esta historia comienza con la unión de dos culturas: la de Rumanía y Amorebieta-Etxano. No como un choque ni como una fusión espectacular, sino como algo mucho más cotidiano: una vida que se va construyendo entre orígenes distintos y un lugar que, poco a poco, se vuelve propio.

Roxana Troncea nació en Bucarest, pero lleva casi veinte años viviendo en Euskadi. Como muchas personas migrantes, su llegada no estuvo marcada por un único camino, sino por una suma de trabajos, aprendizajes y adaptaciones: cocina, limpieza, residencias de personas mayores. Trayectorias que, más que definir una identidad cerrada, van dibujando una forma de estar en el mundo.

Con el tiempo, su vida se fue asentando en Amorebieta-Etxano, donde encontró un trabajo que la colocó en el centro de la vida cotidiana del municipio: la calle. Allí, en los puntos de venta, su presencia se volvió parte del paisaje humano del pueblo. No solo como trabajadora, sino como alguien reconocible, alguien que forma parte de las rutinas de otros.

El reconocimiento como «mejor vendedora de la ONCE en Euskadi durante 2025» aparece entonces como algo más que un premio laboral. Funciona como una especie de espejo: refleja cómo una persona puede integrarse en un lugar no borrando su origen, sino sumándolo a su presente.

En el día a día, esa integración no necesita grandes explicaciones. Está en los saludos repetidos, en los clientes que vuelven, en las conversaciones breves que se convierten en hábito. En ese intercambio constante, lo rumano y lo zornotzarra no se oponen: conviven.

La historia de Roxana no habla de una transformación radical, sino de algo más silencioso y frecuente: cómo se construye pertenencia cuando una vida se reparte entre dos geografías y acaba encontrando su equilibrio en ambas.

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