‘El durangarra Mauricio Aizpurua, una vida en el punto de mira’, por Eduardo Renobales

EDUARDO RENOBALES
Mauricio toma conciencia a temprana edad de su condición proletaria dentro de una sociedad con profundas desigualdades. Electricista de profesión, milita en la CNT de Durango su localidad natal desde muy joven, a la par de su hermano José. Ello les lleva a ser objeto de atención de las fuerzas de seguridad y, especialmente, del jefe de la policía local Ignacio Rojo que, según afirmaciones contemporáneas, tenía especial fijación laboral en los elementos anarcosindicalistas y nacionalistas. El vespertino nacionalista La Tarde comenta que Rojo se mostraba muy severo con las andanzas de los sindicalistas. Aizpurua fue detenido varias veces por reparto de propaganda ilegal, tenencia de explosivos, desórdenes públicos y participación en huelgas no autorizadas. Por ello no resulta extraño que, tras el atentado que cuesta la vida a Rojo (Durango 2.1.1934) se efectúe una redada de detenciones entre gente vinculada a la CNT: Juan Ibarra, Francisco Raposo, Balbino Morado caen en un primer momento. Esteban Nicolás Barreña y Mauricio Aizpurua también están en la lista pero consiguen escapar inicialmente, aunque son detenidos días después en Bilbao.

Meses después los acusados quedan exonerados en el juicio por falta de pruebas concluyentes. Los tres atacantes que disparan al jefe de municipales actúan en la oscuridad de la noche en una zona muy poco iluminada de la calle Olmedal y nadie puede dar una descripción, ni siquiera aproximada, de su aspecto. Desaparecen en las tinieblas huyendo por la calle Zabalarte en dirección al monte. Nunca se dio con ellos.
Mauricio Aizpurua también es detenido en Octubre del mismo año, en los sucesos ocurridos en la villa entre trabajadores en huelga, especialmente ferroviarios, y las fuerzas policiales durante el movimiento revolucionario y que se saldarán con tres muertos y decenas de heridos y encarcelados. Sólo el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936 permite recuperar la libertad total a la mayoría de ellos; curiosamente Mauricio (y algunos cenetistas más) no se beneficia de esa amnistía y en Junio aún sigue en la cárcel de Larrinaga. Su estancia en prisión no impide su actividad militante, pues escribe para publicaciones confederales e incluso para el semanario Mujeres Libres.
En julio se inicia la guerra civil con el golpe de Mola, que lleva a los dos hermanos Aizpurua, ya en la calle, a enrolarse desde el principio en las unidades que organiza la CNT en la defensa de la muga de Irun y el control de la ciudad de Donostia, para posteriormente continuar la resistencia ante el franquismo dentro del Euzkadi Gudarostea en las batallones Isaac Puente, Malatesta y Bakunin, hasta el desastre total tras la caída de Bilbao y la Bolsa de Santoña, cuando el Norte Republicano va a ser tomado por los golpistas con rapidez apoyados en su neta superioridad en armamento y logística.



A Mauricio le esperan unos años de represión personal en la cárcel franquista, que no mermarán su espíritu de lucha pues mantendrá activo su compromiso social y sindical en su trabajo en la fábrica de Bandas hasta su jubilación.
Este artículo ha sido posible gracias a las aportaciones documentales de Josetxo Etxeberria, investigador de la Memoria Histórica y miembro de la CNT.








