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Fallece Flori Leaniz, discreta superviviente del bombardeo fascista contra Durango de 1937

IBAN GORRITI

MUGA GOGOAN

Discreta. De vida discreta, de despedida discreta, sin embargo, de sonrisa perenne, ya eterna. La historia contemporánea de Durango pierde a Flori Leaniz Mendia a los 93 años de vida, la mujer a la que tanto le dolía recordar que optó por el derecho a no dar testimonio nunca sobre cómo con cinco primaveras la vida le dio un vuelco, a ella y a su familia. Siendo tan niña sufrió el bombardeo fascista sobre la villa del 31 de marzo de 1937 y días posteriores. Falleció ayer domingo y el funeral por su persona se oficiará esta tarde de lunes a las siete de la tarde en la basílica Santa María de Uribarri.

Flori Leaniz Mendia.

Cuando nació Mugalari.info –hoy Mugakultura.eus– quienes lo impulsamos nos cruzábamos casi a diario con ella y compartíamos en muchas ocasiones ascensor. Hablaba de todo. De todo, salvo del bombardeo. Sonreía y tenía apreciaciones muy ingeniosas. Era aún más agradable con la infancia, como por ejemplo, tan cariñosamente cuidó de sus majos nietos Karle y Unax. Era reconfortante encontrarnos con ella. Era bondad.

Nunca se atrevió a compartir, a despejar de su pecho aquel irracional día en el que, entonces, Flori vivía en la parte más alta de Artekalea, casi al lado de arco de Santa Ana. En esa misma plaza, el ataque aéreo del terror les pilló inocentes jugando a ella y su hermana. Fue tiempo antes de que naciera su hermano.

La vía del tren como almohada

Tras el bombardeo salieron hacia Enkarterri, se replegaron a la entonces provincia de Santander, incluso hasta Asturias. Su mente no pudo olvidar que junto a su madre durmió en ocasiones al raso en las vías del tren y el raíl como almohada. Solo pensar la imagen pone la piel de gallina y hace comprender su decisión de no hablar al respecto. Llegaron hasta Arriondas, municipio hoy famoso por la bajada en canoa por el río Sella, y en el que por mediación de personas afines al Gobierno legítimo de la Segunda República pudieron llegar a Iparralde. Al otro lado del río Bidasoa, ella, junto a su familia, fueron cuidados y atendidos por personas en paz, lo que su corazón creciente agradeció.

Acabada la guerra, con una posguerra de miserias y muertes franquistas, la niña Leaniz Mendia, como su nombre, floreció en Magdalena, barrio que siempre llevó por bandera y donde convivió con su marido Eusebio Arriaga y sus dos hijos: Julián y Marta. Esta tarde –y siempre- será recordada por su generosidad, atención y valores de respeto, la misma tolerancia que ella nos pedía para no narrar cuanto sufrió.

Agradecidos

No obstante, agradecidos y poniendo su presencia en valor, en algunos homenajes memorialistas en recuerdo a supervivientes y víctimas del bombardeo, leímos su nombre y apellidos en alto en el cine Zugaza como reconocimiento a su coraje. Agur, Flori, agur. Eskerrik asko, lagun.

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