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Aguirre, el ‘niño de la guerra’ crecido en la URSS y que trabajó en «la primera cantera industrial de Mañaria» de los Amantegi

MEMORIA IBAN GORRITI

Un hogar en Bilbao custodia las memorias escritas de un hombre del Renacimiento, un superviviente de las guerras, un anónimo si no fuera porque dejó su impronta en cuadros, plumillas, maquetería naval precisa, taraceas, incluso en minuciosos violines como luthier autodidacta, melómano, e, incluso, inventor con patentes. Sin embargo, su mejor arte fue salir adelante a pesar de los pesares. Hoy conocemos su historia por primera vez, relatada por su hijo en base a sus escritos.

Juan Aguirre muestra una foto junto a su madre, padre y hermana en Moscú. IBAN GORRITI

Cecilio Aguirre Iturbe (Portugalete, 1927 – Bilbao, 2023) sobrevivió a los bombardeos contra Bilbao. Fue denominado “niño de la guerra” –aunque lo fueron también los que se quedaban en Euskadi- y enviado junto a un hermano, un año y medio mayor que él, en el histórico barco Habana y el carbonero Sontay a la URSS. Un tercero, el benjamín, su madre, viuda con cuatro hijos, decidió no embarcarlo en el último momento. A los mayores los acabarían fotografiando con Dolores Ibarruri ‘Pasionaria’, icono comunista mundial, aunque Aguirre nunca hizo propia la ideología allí imperante. De hecho, siempre apoyó al Gobierno de Euskadi. ‘Pasionaria’ le regaló a Cecilio “un jerseicito” para su hija Maite debido a que era el día de su cumpleaños al que le invitó en Moscu el 9 de diciembre de 1955. A su regreso a Bizkaia  llegó a trabajar poniendo en marcha la primera cantera industrial de Mañaria junto a Adrián Amantegi Arteaga, quien falleció en Durango el día 9 de febrero de 2018, a los 89 años de edad y de quien Cecilio guardaba buen recuerdo. Hacen referencia a la sociedad Hijos de León Amantegui S.A.

Aguirre, agachado con camisa blanca abierta, y en el centro Pasionaria. ARCHIVO FAMILIAR / MUGA

Las tan desconocidas memorias de Aguirre, como tan ricas en contenido emocional y gráfico abordan todas sus tribulaciones, de libro. “Si te pones a leer se te acaban cayendo las lágrimas”, asegura su hijo Juan, quien nació en Rusia donde vivió sus primeros tres años junto con su hermana Maite, cuatro años mayor. No conserva recuerdos, pero sí fotografías precisas, preciosas.

FAMILIAR DEL PINTOR GOYA

Entre sus cuitas y alegrías, hay una microhistoria que cierra un bonito círculo y que tiene que ver con un “personaje famoso y legendario que se enfrentaba a los aviones enemigos, con un aparato biplano”, dejó escrito haciendo referencia al aviador republicano Antonio Salueña Lucientes, que según su declaración el maño de Fuentetodos –familiar del pintor Goya- estuvo en algún momento defendiendo Bilbao de los fascistas.

“En uno de esos días próximos a nuestra partida hacia Rusia, uno de los aviones que bombardeaban Bilbao fue alcanzado según decían por la artillería del acorazado José Luis Díez o por la acción del avión llamado ‘abuelo’, el caso es que ese aeroplano pasó por encima de donde estábamos nosotros y a muy poca altura y pudimos ver cómo el piloto lanzaba todo lo que tenía con sus propias manos. Al poco rato, oímos un estallido muy fuerte producido por el propio avión que se había estrellado contra la campa algo más arriba de donde estábamos nosotros, pero eso ya no lo pudimos ver”, narraba Cecilio.

Así, bajó por su calle, La Concepción, hasta el comienzo de Zabala, donde había mucha gente. “Sobre unas tablas llevaban a un muerto, supongo que era el piloto que poco antes había visto, y también por la indumentaria que llevaba”, evocaba e iba más allá: “Me llamo la atención el color amarillento del rostro y cuerpo. Las tablas estaban atadas a la parte trasera de una pequeña camioneta, con una inclinación de forma tal que sus pies estaban hacia arriba y la cabeza en la parte baja a ras del suelo y que era arrastrado por la calle, haciendo lentamente su recorrido”. “Arrastrado como un toro de lidia”, agrega su hijo.

GRATA SORPRESA

Aguirre se llevó una “grata sorpresa” cuando años más tarde, estando internado en un balneario de Seniesz –tal vez en referencia a Snézhinsk- aquejado por problemas pulmonares motivados por su trabajo con radiadores, supo que entre los veraneantes se encontraba un piloto de la Guerra Civil y que cuando se lo presentaron resultó ser el hoy histórico Antonio Salueña Lucientes. “Me enseñó un retrato suyo con su vestimenta de piloto y correaje cruzado. Le pedí que me lo dejara para hacer un dibujo. Lo hice, y cuando le devolví el original le propuse me permitiera dibujarle al natural para tener un recuerdo suyo. No puso ningún inconveniente. Esos dos dibujos los conservé durante cerca de 48 años”.

Dibujo de Cecilio Aguirre mientras se recuperaba en un balneario. ARCHIVO FAMILIAR / MUGA

Décadas más tarde, en 2000, ya retornado a Bilbao, Cecilio al salir del garaje de La Casilla, se encontró con un amigo, Tomás Nuño, acompañado de quien le presentó como el ingeniero que llevaba la dirección de la instalación de la pista de hielo que se estaba montando en el pabellón. “Se apellidaba Salueña. Yo le dije que en Rusia había conocido a un señor con ese apellido, piloto, y en esto me dice, pues sí, soy su hijo. Le dije, que si quería acercarse a mi casa tenía una sorpresa para él”.

El piloto antifascista Antonio Salueña Lucientes.

Primero le sacó el dibujo de su padre con el uniforme de piloto, y acto seguido le dio el que le hizo del natural en 1952. “Se le escapó la exclamación: ¡Mi padre! Me dijo que falleció al poco de ese año, y que tendría que preparar a su madre con la que vivía, antes de enseñarle el retrato pues ya tenía ochenta y pico años. No he vuelto a tener noticias de él, pero si la satisfacción de haber hecho algo positivo”.

Las memorias recorren toda su vida desde, por ejemplo, la proclamación de la II República. “La gente iba cantando contenta por la calle Conde de Mirasol”. Más adelante, la despedida en Santurtzi hacia Burdeos y San Petersburgo y las ducha para desparasitarlos. A continuación, escenarios de guerra actual en Ucrania como Odessa, Jersón o Zaporiyia. Meses de viaje buscando paz terminando durante los años de guerra en Tbilisi, capital de Georgia. “Mi padre, que falleció en agosto, tenía el corazón dividido sobre la guerra actual. Estaba muy agradecido a la URSS por como los habitan acogido y protegido”, apostilla Juan.

MAESTRO SUPERIOR DE 4.000 EMPLEADOS

Cecilio recordaba que su primer trabajo lo hacía descalzo con aquellas temperaturas. Le gustaban las radios y al oír ofertas de trabajo y escuchar ‘radiatorsic’ se apuntó, pero eran radiadores de camión y trabajaban con amianto en taller de calderería. Les permitían o estudiar o trabajar y él y su hermano “se sumaron un año para poder seguir juntos”. Trabajaron, en vez de estudiar. Él enfermó y su hermano, años más tarde murió en la URSS, en 1952. “Mi padre acabó siendo en 1948 el maestro superior de taller más joven de la fábrica Krasniy Proletariy de toda su historia, de entre 4.000 obreros y varias veces premiado”. “En 1951, fue obligado a estudiar en la Universidad Nocturna de Marxismo Leninismo de Moscú intentando cambiar con ello sus puntos de vista en general y su postura frente a ellos”, agrega su hija Maite.

La agencia de policía secreta KGB siguió los pasos de este hombre que había perdido su padre a los cuatro años por tuberculosis. También a su vuelta, el franquismo e inteligencia internacional como la CIA. En Rusia se había casado con otra niña vasca del barco Habana, con la bilbaina Francisca Amaya Arcos. “Ella, al ser Amaya de apellido, y Amaya Ruiz Ibarruri, la hija de Pasionaria, eran las dos únicas Amaya”, sonríe Juan.

Cecilio Aguirre. ARCHIVO FAMILIAR / MUGA

Gracias a Cruz Roja consiguieron volver llegando a Valencia. “Hay unas imágenes en el NODO que se nos ve a mí familia bajando del navío Crimea”, agrega Juan. “Solo tengo un recuerdo del camarote del barco, nada más. Tenía tres años”. A su regreso llegó a trabajar poniendo en marcha la primera cantera industrial de Mañaria junto a Adrián Amantegi.

Todo ello y más –es un libro- está documentado, incluso, su hijo conserva más de 3.000 fotografías para la metahistoria. El hogar de la avenida Sabino Arana está plagado de recuerdos, de libros, de cuadros como un Gernika en taracea, de violines en silencio, de pasado que enriquece nuestro presente.

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