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Graban un documental sobre la vida del misionero abadiñarra Bittor Garaigordobil a estrenar el día de su 101 cumpleaños

Txasio Urtubia

La vida del sacerdote centenario Bittor Garaigordobil (Abadiño, 1919) da para una película. Eso debió pensar la guionista Lorea Pérez de Albéniz que ya ha puesto en marcha todo el engranaje para un documental que ella misma dirige con todo el mimo del mundo. Les gustaría estrenarlo el 17 de octubre, coincidiendo con el 101 cumpleaños del de Amaitermin. El audiovisual recogerá testimonios grabados tanto en Euskal Herria como en Ecuador, donde vivió el hoy obispo emérito.

BITTOR GARAIGORDOBIL

Retrato · Iban Gorriti

En octubre de 1948, llegaron a Ecuador ocho hombres para inaugurar la que sería la primera Misión Diocesana vasca: la “Misión de Los Ríos”. Aunque en la Euskadi de la postguerra había muchas carencias, el choque fue brutal para ellos al constatar la realidad de los habitantes de aquellas tierras, que vivían en una situación de miseria e injusticia.

Los ocho misioneros enfermaron de paludismo, y al borde del caos, pero convencidos de que era imprescindible luchar por la defensa de los derechos humanos de aquellas personas, solicitaron apoyo. Desde entonces, decenas de hombres y mujeres vascos han contribuido al desarrollo sostenible de la comunidad de Los Ríos y al empoderamiento de las clases más desfavorecidas de Ecuador.

· Trabajador incansable · Bittor Garaigordobil fue nombrado obispo de Los Ríos en 1964. «Trabajador incansable, participó e impulsó con un estilo muy personal este proceso: era sencillo, colaborador, y ante todo tenaz», valora Pérez de Albéniz. El equipo vasco que lideró, fomentó el trabajo en equipo, las comunidades de base, y la creación de cooperativas, escuelas y dispensarios; y siendo como eran personas que habían conocido de primera mano la represión de su propia cultura, hicieron un especial esfuerzo en recuperar y promover la cultura Montubia y la dignidad de aquellas gentes.

Fue, cuentan, una labor enorme y enriquecedora, que Bittor trasladó al Concilio Vaticano II, presentándose ante el Papa Juan XXIII con la txapela en la cabeza, satisfecho de su trabajo, y orgulloso de su origen vasco. Un trabajo que lejos de ser reconocido por las autoridades ecuatorianas creó grandes recelos, razón por la cual en 1976 los militares  detuvieron a Bittor, acusado de subversión.

Esta es la historia de aquellos hombres y mujeres y del hombre que los lideró, que hicieron un trabajo que significó y sigue significando mucho para Ecuador y la conciencia de los pueblos de América latina. Hoy, con 100 años recién cumplidos, Bittor vive en Urkiola, y sigue siendo un ferviente defensor de la Teología de la Liberación.

Bittor-Garaigordobil-Urkiola-Otxandio-IBAN-GORRITI

Retrato · Iban Gorriti

 

Un proyecto de documental maravilloso

Lorea Pérez de Albéniz

Cuando mi tío Juan Santos Ortiz de Villalba dejó la Amazonía ecuatoriana en 1989 y cambió su destino de misión yo tenía 15 años. El había pasado allí dos décadas conviviendo con los Huaorani, por lo que yo, desde pequeña, había leído libros que nos traía sobre leyendas indígenas, serpientes, monos y boas, y había escuchado maravillada hablar a mi tío sobre aquellas tierras remotas y sus gentes. Pero el día que decidió dejar la selva no quiso dar demasiadas explicaciones. Mi padre comentó algo sobre el asesinato de Monseñor Labaka y la presión del las petrolíferas y el  Gobierno ecuatoriano sobre los misioneros, los indígenas y sus tierras. Pero el tío Juanito nunca quiso volver a hablar del tema, y marchó a Hong Kong.

Años después investigué por mi cuenta el trabajo realizado por los misioneros de Ecuadoren la recuperación de la dignidad de los indígenas y las clases desfavorecidas ecuatorianas, y las presiones a las que fueron sometidos por esa razón. Sabía que el siglo pasado fueron muchas familias vascas las que enviaron a sus hijos a los seminarios, y otras tantas las que vieron como muchos de ellos marchaban de misión. Descubrí que en el caso de Ecuador, las misiones estuvieron repartidas de diferente manera, y unos fueron a oriente, a la amazonia –entre ellos mi tío, que era capuchino-y otros trabajaron con las comunidades del lado del Pacífico, habitado por mestizos –mezcla de indígena, europeo y africano- que vivían bajo la presión y el control de la oligarquía local.

El destino quiso que a finales del año pasado mi socia y amiga conociera en Urkiola a Bittor Garaigordobil, obispo emérito de Los Ríos (Ecuador). Bittor tiene ahora 100 años y vive en el abadetxe de Urkiola junto a otros sacerdotes diocesanos ex misioneros. Recién se había publicado un libro sobre su vida, y valoraban entonces la posibilidad de realizar un documental que resumiera cual fue la labor que hicieron en Ecuador los misioneros, tanto sacerdotes como seglares. Nos pareció un proyecto maravilloso, ya que la historia de Bittor y de las misiones en Ecuador y su capacidad de evolución y adaptación a la realidad social latinoamericana es una parte importante de la historia del pueblo vasco.

· ¿Bittor está vivo? · Unas semanas más tarde viajé a Barcelona y visité a mi tío, que campechano, sentado en una cafetería del Born y con una taza de café en la mano, me contestó “¡Claro que conozco a Bittor Garaigordobil! ¿Está vivo? Fue obispo de Los Ríos, era hombre de pocas palabras, siempre iba con la txapela en la cabeza, era vasco-vasco –incidió en eso-, y tenía una carácter muy especial”. A lo que añadió: “Una vez, hablando con él, me dijo que de joven en la guerra había conocido a un cura requeté que era muy mala persona y que no entendía como después de haber conocido a aquel hombre decidió hacerse sacerdote”.

Bittor renunció a su cargo como obispo de Los Rios en 1982 y volvió a Euskal Herria, y durante todos estos años ha  continuado trabajando para misiones diocesanas desde Urkiola. Personalmente, cuanto más investigo en su vida , en su filosofía y en su estilo de vida, más claro veo que lo hizo porque consideró que era la mejor opción para ayudar a los desposeídos, los perdedores, los parias de la tierra. Creo que fue una persona valiente e inteligente, que no tuvo miedo de enfrentarse al sistema establecido para hacer valer sus principios, y que sus valores y su forma de proceder son un ejemplo a seguir por las generaciones del S.XXI, más aún si cabe, en una época convulsa en la que la solidaridad con los desposeídos es más necesaria que nunca.

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