UDA GIRO 2025 · Jubón de azotes

ANDER BERROJALBIZ
Frente a la iglesia de Santa María había seis montones de leña rodeando sendos postes. El pueblo ya estaba reunido para la ceremonia, solo faltaban el tribunal y los condenados. Al poco, acompañados de un canto gregoriano, llegaron a sus tronos los bonetes de obispo y las grandes cruces de oro. Después, en silencio, sobre un carro tirado por bueyes aparecieron los once maltrechos herejes.
Este pasaje precede al auto de fe representado en el relato «El corazón de cristal» del poeta y escritor Joseba Sarrionandia. Originalmente escrito en euskera,[1] en 2017 traduje el cuento al castellano –en colaboración con el autor– para que formara parte del volumen La hija de los herejes (Pamiela, 2018).
En euskera, la última frase del fragmento dice: «Gero, isiltasunez, idi gurdi baten gainean agertu ziren hamaika hereseen jipoinak»; cuya traducción literal sería: «Después, en silencio, sobre un carro tirado por bueyes aparecieron los jubones de los once herejes». Sarrionandia jugaba aquí con la polisemia de la palabra eusquérica «jipoi» o «jipoin», que significa tanto «jubón» como «paliza». Aunque el Diccionario de la lengua española contempla esta misma polisemia en castellano cuando recoge en la segunda acepción de «jubón» la fórmula «jubón de azotes», en el momento de la traducción consideramos este uso muy poco conocido, si no perdido, y optamos por que el texto en castellano hablara directamente de los «maltrechos herejes». Con todo, siempre lamenté que se perdiera el paralelismo que entre las dos últimas frases establecían sus respectivas metonimias y que la palabra «jubón» desapareciera de un contexto al que, aunque de forma cruel, perteneció durante largo tiempo.
Así, en el Siglo de Oro, en germanía, «jubón» servía para referirse a «los cardenales y heridas que cubren la espalda del azotado por el verdugo y que forman, figuradamente, una especie de traje muy ajustado por ser la misma carne del reo».[2] Con este sentido podemos encontrarlo en Calderón: «Pues tú fuiste cardenal / el día que yo obispé, / y te dieron un jubón / que tú no mandaste hacer, / con los golpes muy espesos / y pegados del revés, / tan justos, que por mil partes / te hizo la sangre verter» (Jácara de Carrasco); y en Quevedo: «Tropecé con el tintero; / di que hacer a los ringlones; / hubo el éste que declara / y más vistas que en un monte. / Hiciéronme el susodicho; / y tras éste que depone, / por su pie se vino el fallo, / acompañado de conques. / Debajo de la camisa / me vistieron dos jubones: / el traje que más mal talle / hace a caballo en el orbe» (Vida y milagros de Montilla).
Al poco, acompañados de un canto gregoriano, llegaron a sus tronos los bonetes de obispo y las grandes cruces de oro. Después, en silencio, sobre un carro tirado por bueyes aparecieron los jubones de los once herejes.
[Nota: Dentro de la programación Uda Giro 2025, el próximo 3 de julio, jueves, a las 19.00 horas, en el jardín del Museo Kurutzesantu de Durango, Khantoria (Maider López – viola y Ander Berrojalbiz – violín) ofreceremos una lectura musicalizada de «El corazón de cristal» como parte del recital Tres cuentos (des)concertantes.]
[1] Joseba SARRIONANDIA, «Kristalezko bihotza» en Narrazioak, Elkar, 1983.
[2] ALONSO HERNÁNDEZ, J. L.: Léxico del marginalismo del Siglo de Oro, Universidad de Salamanca, 1977, p. 462.





