¿Se abrirán las piscinas de Tabira a tiempo este verano o no?

JORGE VARELA
· Concejal de Herriaren Eskubidea / Independientes en el Ayuntamiento de Durango
Hay en Durango una cuenta atrás que no aparece en ningún reloj ni en ningún calendario oficial, esa cuenta atrás vuelve con la misma pregunta rondando en la cabeza de mucha gente: ¿se van a abrir las piscinas de Tabira a tiempo este verano… o no?
El runrún ya no es discreto. No es alarmismo, es pura intuición colectiva. Porque cuando una obra importante llega a abril con todavía demasiadas incógnitas, la experiencia dice que algo no cuadra.
Nadie duda de que Tabira necesitaba una reforma profunda. El problema no ha sido el qué, sino el cuándo. Y sobre todo, el cómo se ha llegado a este punto del calendario.
La demolición del antiguo edificio empezó de verdad en enero de 2026. Enero. Con el invierno ya avanzado y el verano quedando peligrosamente cerca. Desde fuera, desde la calle, el efecto es claro: se ha empezado a correr cuando ya se veía la línea de meta. Y a partir de ahí, todo lo que dependía de esa demolición ha ido encadenándose con poco margen. Licitaciones que se atascan, adjudicaciones que llegan justas, obras clave que aún no muestran un calendario claro.
El ejemplo más evidente es el de la sala de filtración de las piscinas exteriores. Es una pieza absolutamente esencial: sin ella no hay piscinas, por mucho buen tiempo que haga. El contrato se adjudicó en febrero, con un plazo de ejecución que, sobre el papel, aún permitiría llegar al verano. Pero estamos ya bien entrados en la primavera y, públicamente, no hay constancia clara de acta de inicio ni de certificaciones de obra. Puede que haya movimiento interno, puede que las máquinas estén a punto de entrar, bla bla y fotos.
Aquí aparece una de las claves del malestar: Una explicación directa. ¿Se llega o no se llega? ¿Hay riesgo real de que las piscinas no abran a tiempo? ¿Se contempla una apertura parcial, tardía, con limitaciones? No hacen falta promesas grandilocuentes, solo honestidad. Y de esto no tiene mucho este equipo de gobierno, la verdad.
Las piscinas municipales no se improvisan de un día para otro. Necesitan pruebas, controles, llenado, organización de personal. Todo eso requiere semanas. Por eso, cuando a mediados de abril todavía se duda, el temor no es exagerado: es realismo.
Cerrar o retrasar Tabira en verano no es una molestia menor. Para muchas familias no es un lujo, es la principal —a veces la única— alternativa de ocio asequible durante los meses de calor. Las piscinas municipales cumplen una función social básica, aunque a veces se tienda a olvidar.
Y si hay un grupo para el que esta situación pesa especialmente, es la gente joven. Cada verano sin Tabira es un verano con menos espacios para estar sin consumir, para encontrarse, para pasar las horas sin tener que irse lejos. Durante años se ha hablado mucho de escuchar a la juventud, de ofrecer alternativas, de apostar por el ocio saludable. Pero esas palabras se vacían rápido y solo hay fotos en redes y una mala planificación de tiempos.
El problema no es que haya obras. La sensación que queda no es de transformación, sino de improvisación. No de mala intención, sino de desorden.
Lo más frustrante es que esta situación se podía haber previsto. Sin embargo, se ha llegado al tramo decisivo del año con muy poco colchón. Una licitación fallida, un retraso administrativo, un recurso, y de repente todo el esquema empieza a tambalearse.
En la calle no se pide imposibles. No se exige que las obras vuelen ni que se obren milagros. Se pide algo mucho más sencillo: respeto por el tiempo de la gente. Si no se llega, que se diga. Si se llega justo, que se explique cómo. Si hay un plan alternativo, que se comparta. El mayor desgaste no viene del retraso, sino de la sensación de estar esperando sin saber a qué.
Hay ganas de que funcione, de que acabe bien, de que Tabira vuelva a ser un referente. Pero precisamente por eso duele ver que se esté jugando esta partida con tan poco margen y tanta incertidumbre.
Las obras públicas no se juzgan solo por cifras ni por renders. Se juzgan por cómo encajan en la vida de la gente. Y ahora mismo, en Durango, mucha gente siente que el verano se acerca y que Tabira sigue respondiendo tarde.
El sol no espera.
Y el verano tampoco.





