Ostirala,
2026ko Abuztuak14

MugaKultura

[location-weather id="91313"]

Marcha Mundial a Gaza · Por el fin del genocidio

ANISIA SERENDIPIA

 

-Que no hay en el mundo nada tan contrario a la naturaleza, que es totalmente racional, como la injusticia-

 

La esperanza, ciertamente, persiste. Convocados en El Cairo, 4.000 personas de cerca de 50 países de todo el mundo esperan para iniciar una “marcha internacional a Gaza” con el objetivo de agruparse y comenzar una movilización a pie hacia la frontera con la Franja que  Egipto intenta bloquear. Ayer, 12 de junio de 2024, 149 países miembros de La ONU, ¡pobre vieja!, aprobaron una resolución presentada por España en la Asamblea General con la que se exige un alto al fuego en Gaza: 146 votos a favor, 12 en contra y 19 abstenciones -por supuesto que la resolución pide también la liberación de los rehenes israelíes secuestrados por Hamás-. Mientras, Egipto está deteniendo y tramitando deportaciones de los activistas que planean iniciar la marcha el 13 de junio hacia el cruce fronterizo de Rafah, desde donde presionar para que se permita la entrada de camiones con alimentos y bienes de primera necesidad hacia Palestina.

«Así murió Emilia, que tenía tres años; ya que a los alemanes les parecía clara la necesidad histórica de mandar a la muerte a los niños de los judíos. Emilia, hija del ingeniero Aldo Levi de Milán, que era una niña curiosa, ambiciosa, alegre e inteligente a la cual, durante el viaje en el vagón atestado, su padre y su madre habían conseguido bañar en un cubo de zinc, en un agua tibia que el degenerado maquinista alemán había consentido en sacar de la locomotora que nos arrastraba a todos a la muerte”.

Primo Levi relata este pasaje en su obra ‘Si esto es un hombre’. La leí hace muchísimos años pero se me quedó en la memoria el baño de Emilia en aquel vagón de tren en el que viajaban cuarenta y cinco personas de las que solo cuatro volvieron a casa ‘y fue con mucho el vagón más afortunado` relata Levi: Sufríamos de sed y de frío: a cada parada pedíamos agua a grandes voces, o por lo menos un puñado de nieve, pero en pocas ocasiones nos hicieron caso; los soldados de la escolta alejaban a quienes trataban de acercarse al convoy. Dos jóvenes madres, con sus hijos todavía colgados del pecho, gemían noche y día pidiendo agua’.

Primo Levi, judio sefardí fallecido en 1987, respondía en entrevista a la siguiente pregunta:

-¿Los alemanes sabían? ¿Los aliados sabían? ¿Cómo es posible que el genocidio, el exterminio de millones de seres humanos, haya podido llevarse a cabo en el corazón de Europa sin que nadie supiese nada?

El mundo en que vivimos hoy nosotros, los occidentales, presenta muchos y muy graves defectos y peligros, pero con respecto al mundo de ayer goza de una enorme ventaja: todos pueden saber inmediatamente todo acerca de todo. La información es hoy «el cuarto poder»;  todo es fácil: si uno quiere, escucha la radio que quiere… Desde luego, no es sencillo sustraerse a todo condicionamiento, pero por lo menos es posible elegir el condicionamiento que uno prefiere.

Casi 40 años después, lo estamos viendo en directo, en diferido…

Pobre Emilia,  la he recordado a menudo a lo largo de los años, algo tan entrañable como imaginar a unos padres aseando a su hijita en medio de semejante atrocidad. Ahora la recuerdo todos los días, varias veces al día, cada vez que veo a esas pobres madres y padres llorando ante las mortajas de sus hijos; a la pediatra Alaa al Najjar, de unos 35 años, que ha perdido a 9 de sus 10 hijos en Jan Yunís; todos esos niños palestinos con esos ojos tan bonitos; la pobre Yaqeen Hamma, de 11 años, símbolo de resistencia y esperanza animando a la tropa para afrontar la ardua tarea de  sobrevivir en Gaza, repartiendo ropa, juguetes… Emilia entonces y ahora Yaqeen, miles y miles de niños… Sísifo ha perdido de nuevo la memoria, su amnesia necesaria para volver a empujar la piedra.

_Hay una sola grieta decididamente profunda y es la que media entre la maravilla del hombre y los desmaravilladores_ De vasta cultura humanística, Etienne de la Boetie nos dejó escrito en el siglo XVI en su ‘Discurso sobre la servidumbre voluntaria’ el hecho de que la naturaleza nos ha hecho a todos de la misma forma a fin de que nos reconozcamos todos mutuamente como compañeros o, más bien, como hermanos: Más, en verdad, si hay en la naturaleza algo claro y evidente, donde no es lícito hacerse el ciego, es el hecho de que la naturaleza nos ha hecho a todos de la misma forma y, según parece, en el mismo molde, a fin de que nos reconozcamos todos mutuamente como compañeros o, más bien, como hermanos; y si, al hacer el reparto de sus dones, ha concedido    algún bien, sea del cuerpo, sea del alma, en mayor cantidad a unos que a otros, no ha pretendido, sin embargo, poner a cada uno en este mundo como en un campo cercado ni ha enviado acá abajo a los más fuertes y avisados como bandoleros armados en un bosque para que se traguen a los más débiles, sino que, al contrario, es preciso creer que, concediento a unos partes mayores y a otros menores, quiso dar ocasion al afecto fraterno, a fin de que este pudiera manifestarse al tener unos el poder de brindar ayuda y otros la necesidad de recibirla. puesto que esta buena madre nos ha dado a todos la tierra entera por morada, nos ha alojado a todos, en cierta manera, en la misma casa y nos ha delineado a todos con el mismo patrón, para que cada uno se pudiese mirar y reconocer en el otro; si a todos nos ha dado este gran presente de la voz y de la palabra y logra  por la comun y mutua transmisión de nuestros pensamientos una comunión entre nuestras voluntades, y si por todos los medios ha tratado de apretar y estrechar con tanta fuerza el nudo de nuestra alianza y sociedad, si en todas las cosas ha demostrado que nos queria no tanto a todos unidos como a todos uno, no puede ponerse en duda que seamos naturalmente libres, ya que todos somos compañeros y a nadie puede ocurrírsele que la naturaleza haya ubicado a alguien en la servidumbre cuando a todos nos ubicó en la camaradería.

La Fotilla de la Libertad, con la emblemática Gerta Thunberg a bordo, intentó hace unos días alcanzar las costas de Gaza; ayer en Durango hubo una concentración en Andra Mari;  hoy se multiplican las publicaciones que acusan a Egipto de haber “sacrificado” la causa palestina; mañana hay convocada una jornada Estatal por el Fin del Genocidio

La otra noche, en duermevela, escuchaba al portavoz de la plataforma PararLaGuerra, responsable de dicha   convocatoria, que solo la ciudadanía, saliéndose a la calle, llenando las plazas, cualquier gesto que sume, puede parar este genocidio. Y yo también convencida de ello: de que la UNIÓN hace la FUERZA, de que lo urgente es pararlo y de que solo así se puede, unidos en eso a pesar de las diferencias. Él opinaba que no hay indiferencia sino indignación sin canales para la movilización, me pareció demasiado optimista en esto último.

Hannah Arendt advirtió en su día de que la muerte de la empatía humana es una de las señales más tempranas y reveladoras de una cultura al borde de la barbarie. Y lo que está en juego ahora es la humanidad, el que cada uno se pueda mirar y reconocer en el otro, como compañeros, como hermanos. Esto es lo que está en juego, ahondar o no esa grieta de la que hablaba el poeta Mario Benedetti:

La verdad es que grietas no faltan

Así al pasar recuerdo las que separan a zurdos y diestros / a pequineses y moscovitas / a présbites y miopes / a gendarmes y prostitutas / a optimistas y abstemios / a sacerdotes y aduaneros / a exorcistas y maricones / a baratos e insobornables / a hijos pródigos y detectives / a Borges y Sábato / a mayúsculas y minúsculas / a pirotécnicos y bomberos … a franceses y no franceses

A corto o a larguísimo plazo todas son sin embargo remediables

Hay una sola grieta decididamente profunda y es la que media entre la maravilla del hombre y los desmaravilladores. Aún es posible saltar de uno a otro borde pero, cuidado, aquí estamos todos, ustedes y nosotros, para ahondarla. 

Señoras y señores a elegir, a  elegir de qué lado ponen el pie.

Todo suma para parar el exterminio de un pueblo tan rico como el palestino. Lo más ínfimo, una persona con un cartel en la plaza de un pueblo de 100 habitantes o recordando a todas las Emilias de hoy en día.

Y a otro le parecerá otra cosa

Ayúdanos a crecer en cultura difundiendo esta idea.

Bilatu