Ilusión real

MARIANO MARTÍN MARTÍN Cuando me llame el sueño y junto a él me abrace, me entregaré sereno ante tan grato enlace. Lo nombraré mi dueño mientras mi yo se engarce, con lo que siendo bueno mi esencia alcance. Y te veré en el sueño sentiré adorarte, y bendeciré con premio tu existencia y arte. Sigiloso, cual silencioso y tierno que cruza por la vida sin pararse, acariciando un lleno ramillete de color sin deshojarse… me acercaré a tu ameno lecho, donde duerme tu mensaje, ese que ni más ni menos bordará de luces cada encaje. Me postraré despacio sin despertar tu vuelo, me inclinaré de lacio con aptitud y anhelo, de venerar tu espacio al que en virtud apelo. Y mientras miro el lado en el que está tu cuerpo, con un sutil cuidado vigilaré tu tiempo. Aunque dormida estés y en el sueño vivas, por lo que no me ves en ti me aviva, la dulce mies y que destilas. Y ese será el momento en que a ti me entregaré, y feliz mi sentimiento un beso te daré, tal el don del mandamiento del Amor y de su Fe. Y al besarte, se abrieron los cielos y a coro, la imagen de los ángeles, en la tierra con sus velos sus canciones espirituales, mi divina, con sus celos nos ofrecieron su placer por naturales. Te besé mientras dormías con el alma y corazón, y ese beso, amada mía en tan grande en su impresión, que la expresión que vi sentías en ti me hizo ver a Dios. Y he aquí que sucedió mientras despertando sonreías.






