Asteartea,
2026ko Abuztuak11

MugaKultura

[location-weather id="91313"]

Historias perdidas de Durango

JORGE VARELA

· Es concejal de Herriaren Eskubidea-Independientes en el Ayuntamiento de Durango

La reciente decisión de PNV y PSOE de demoler la presa de Mendizabal en Durango ha reabierto un debate que trasciende los aspectos meramente técnicos del proyecto. Nos encontramos ante una cuestión fundamental: ¿qué valor le damos como sociedad a nuestra memoria histórica y patrimonio cultural?

Cuando la Historia se desvanece bajo el hormigón

La presa que está a punto de desaparecer no es simplemente una estructura del siglo XIX construida para servir al molino de la familia Miangolarra (también conocido como Zubikoa errota, junto al puente que une Durango con Iurreta). Bajo sus cimientos yacen los restos de una construcción anterior, posiblemente del siglo XIV, que ha resistido el paso del tiempo y hasta los bombardeos fascistas.

El argumento de la «irrelevancia arqueológica» que defienden PNV, PSOE y PP resulta particularmente preocupante y vuelve a demostrar lo poco que le interesa a estos partidos el patrimonio histórico de Durango. Cabe recordar que en la última década, estos partidos han sido cómplices, además, de la destrucción de la histórica estación de tren de Durango o de la casa Landarte (detrás de la Musika Eskola).

El precio de la desmemoria

Resulta paradójico que en una época donde la identidad local se reivindica constantemente, PNV, PSOE y PP se dedique a eliminar las huellas físicas que conectan nuestro presente con nuestro pasado. Cada demolición de este tipo no solo elimina piedras y mortero, sino que cercena los hilos que tejen la narrativa colectiva de una comunidad.

Estos lugares nos cuentan nuestra historia, especialmente aquellos que han sido testigos de momentos cruciales. El azud de Arripausueta que desde Herriaren Eskubidea/Independientes conseguimos salvar la pasada legislatura, por ejemplo, no era solo una estructura hidráulica. Era el recuerdo de juventud de muchas generaciones de durangueses y duranguesas, que vivieron sus veranos bañándose en la presa, o cazando zapaburus. El pequeño puente de piedras que lo sucede, fue la vía por la que huyeron de los bombardeos del 31 de marzo de 1937 y la posterior ocupación fascista. Preservar estos espacios significa mantener viva la posibilidad de que las historias se transmitan de abuelos a nietos.

El caso del puente del Diablo, que también conseguimos salvar, y su traslado al parque de Zuhatzola, demuestra que es posible conciliar progreso y patrimonio cuando existe voluntad política y creatividad en la gestión. Esta solución no solo conservó un elemento histórico, sino que le dio una nueva función educativa y memorial.

Frente a estas posturas tan limitadas que pretenden borrar nuestra historia, me surgen algunas dudas:

¿Cuántas «puertas de Santa Ana» estamos perdiendo sin darnos cuenta?

El Arco de Santa Ana es el único testimonio que se conserva en Durango de las seis puertas que conformaban la antigua muralla de la villa. Fue construido en 1566 y restaurado en 1744. Sin embargo, una actuación urbanística propuso eliminar el Arco de Santa Ana, también para favorecer determinados intereses inmobiliarios de la época. Por suerte, en aquel entonces alguien tuvo el valor de defender el patrimonio histórico de Durango por encima de esos “otros intereses”.

¿Qué será lo siguiente que perdamos?

Nos jugamos más que piedras y estructuras. Nos jugamos nuestra capacidad de transmitir a las próximas generaciones una ciudad con alma, con historia visible, con lugares que cuenten quiénes fuimos para ayudarnos a entender quiénes somos.

La pregunta final no es qué será lo siguiente que perdamos, sino qué estamos dispuestos a hacer para que no se pierda nada más. La respuesta está en nuestras manos, en nuestros votos, en nuestra capacidad de exigir que el desarrollo urbano se haga con memoria, no contra ella.

La historia no se conserva sola. Requiere de voluntad política y la convicción de que un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro.

Ayúdanos a crecer en cultura difundiendo esta idea.

Bilatu