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El hombre es el peor enemigo del perro

 

EUKENI BASTIDA

Vamos a idealizar un rato.

Imagina una bonita mañana de un domingo. La temperatura es ideal. El sol brilla y el cielo está decorado por unas blancas y esponjosas nubes. Sales a pasear y ves como un perro corre detrás de la pelota que su amo le lanza. Corre como si no hubiese un mañana. Una y otra vez. El perro es precioso. Luce un pelazo limpio y brillante, y parece tener una química especial con su dueño.

Empiezas a fantasear sobre la posibilidad de tener un perro igual. “Esos perros son muy listos”, has oído decir. Con su aspecto y lo que has oído hablar sobre el tema, comienzas a generar un ideal y unas expectativas. Es la raza de perro que parece estar de moda ya que últimamente se ven muchos perros así por la calle. Indagas un poco desde tu móvil y ves que… ¡los cachorros son irresistibles!

Das el paso de adquirir uno de esos animalitos y encuentras a quien mercadea con ellos y los distribuye.

Alguien primerizo tarda menos de doce horas en darse cuenta de que ni todos los días son domingo, ni el cielo está decorado siempre por unas blancas y esponjosas nubes. El perrete se mueve de noche, mea y caga en cualquier lado, necesita salir varias veces al día independientemente del clima, no se comporta según tus expectativas, suelta pelo, rompe lo que está a su alcance, etc… Cuando no estás en casa aúlla todo el tiempo, y a la vuelta tu vecino del piso de abajo te espera con cara de pocos amigos.

A las pocas semanas, quizá meses, piensas. –¡Jo, esto es un rollo!- Es hora de poner fin a la aventura y decides colgar en una red social la frase “Se vende por no poder atender”, depende del nivel de hartazgo incluso “Se regala”. Hay quien prefiere dárselo al primero que pasa por ahí, o abandonarlo en cualquier lugar. Hay quien se “preocupa” por su futuro y una noche lo tira por encima de la verja de una protectora de animales. Hay quien le dispara en la cabeza pero al no haberlo matado, se acojona, le mete la cabeza en un saco y lo lleva al veterinario para que le ponga una inyección letal…(esto último también es verídico. Contado por un veterinario del entorno). Es posible que este tipo de episodios fuesen a menos con educación y reduciendo la impunidad.

Son seres sintientes. Recuerda que un día pensamos aquello de “son muy listos”. Cierto que no son humanos, pero tampoco son piedras.

Los atamos a una pared con una cadena perpetua o los metemos en un recinto minúsculo durante años donde no tardan en padecer estereotipias (esos movimientos compulsivos y repetitivos son síntoma de elevada ansiedad y desequilibrio). Los hacemos criar a nuestro antojo o por dejadez generando más perretes desgraciados que a saber dónde terminan. Hacemos experimentos clínicos y cosméticos, los amputamos por estética, podemos hacerlos objeto de nuestro sadismo y… ¡nos sale gratis!

Por no hablar de la selección genética. Muchas de las razas que conocemos no tienen más de unas cuantas décadas. Buscando una estética y estructuras corporales concretas hemos generado razas con terribles problemas de salud. Pastor alemán con su antinatural caída de espalda, bulldog francés y sus problemas respiratorios por su morro chato, bulldog inglés incapaz de nacer por sí solo y con necesidad de cesárea por la desproporción de su cabeza, etc. Siendo la misma especie hay razas de tres kilogramos y razas de cien kilogramos. ¿Existe algo similar en el reino animal?

En España, el número de licencias para ir al monte a disparar a los animales ascendió a 891.889 en 2023. Es una actividad que para llevarla a cabo, la presencia de los perros es facilitadora. Es cierto que para muchas de estas personas, no para todas, los perros son meros instrumentos desechables. Digo no todas, porque hay gente con esa afición que cuida y da un buen trato a sus perros.

No me muevo en ese mundo, pero sí que he oído frases reveladoras a personas que practican esa actividad.

-Si tu perro no hace lo que tiene que hacer dame un cartucho y yo te soluciono el problema.-

-Siempre llegaba a donde tenía atada a la perra y estaba meada. Pero ese día ni siquiera le pegué. La llevé al árbol, la até y (gesto de apretar el gatillo)-

Representan un colectivo tan grande que acapara a muchos votantes. Además, al ser un negocio que mueve un gran volumen de dinero, puede actuar como elemento de presión a la hora de dirigirse a los gobernantes. En parte, así se explica la impunidad.

Debido a esa capacidad de presión, la nueva Ley de Bienestar Animal excluye a sus perros.

Aunque este sector es un gran contribuyente a la situación de los perros, véanse las perreras, hay que decir que el propio negocio de las exposiciones caninas, criadores, etc… está lleno de auténticos mercaderes de perros, disfrazados de “amantes de la raza”. Teniendo a varias hembras produciendo, escuché a una criadora decir “esta hembra estaba preñada y se le murieron los once cachorros. Se me murieron 11.000€. Jajaja”

Como contrapeso, habría que destacar el papel de las protectoras de animales, que contribuyen a aliviar el sufrimiento de algunos de esos perros y gatos que para muchos de nosotros ya son juguetes rotos. Ayudan a que puedan encontrar un hogar, uno bueno. Algunas de estas protectoras se nutren del voluntariado, en su mayor parte femenino. Es cierto que esta lengua es sexista y crea dichos como “El perro es el mejor amigo del hombre”… pero mira quién está ahí luego a las duras y a las maduras.

Algo que me ha llamado la atención, ha sido que una protectora de Bizkaia que gestiona unos cuatrocientos perretes, tiene en sus instalaciones sesenta perros de la misma raza. La raza de moda en la calle es después la raza de moda en las perreras.

Adoptemos. Si podemos.

Ayúdanos a crecer en cultura difundiendo esta idea.

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