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El euskera y sus mitos (en Vocento)

EDUARDO RENOBALES

· Historiador

Hace pocos días apareció en los diarios del grupo Vocento una entrevista con el filólogo vasco  Urtzi Reguero. El titular, ¡ay estos titulares!, era provocador: Si le dices a alguien que cree en los mitos del euskera que es una lengua como las demás, le escuece. No sé quién es el responsable del gancho, el entrevistador o el entrevistado.

Evidentemente entré a leer. Añadiendo casi mi total ignorancia sobre filología vasca (o de cualquier otro idioma) y siempre con respeto e intentando entender.

Empieza hablando de la palabra aizkora, que en la mítica del idioma dice viene de ai(t)z y gora. Y que se cayó el mito en la universidad al saber que es una palabra derivada del latín.

El conocimiento desmonta la mitología, dice. Y estoy totalmente de acuerdo.

Sigue hablando del euskera como lengua aislada y minoritaria teñida de mucho romanticismo. Y ahí suelta la frase del titular.

Luego habla del nacimiento de las lenguas, su evolución, la variación que van sufriendo a lo largo de los siglos. Con lo que estoy totalmente de acuerdo.

Prosigue la entrevista con otro mito sobre el euskera, que estuvo aislada y desconectada de otras, a lo que el entrevistado opina que no es verdad. Y vuelvo a estar de acuerdo. Ningún pueblo y ninguna lengua están aislados de las demás. Tal vez en una isla perdida, en un valle inalcanzable… Siempre hay relación, interactuación, comercio, intercambio… Todas las lenguas toman y dan préstamos. Incluido el euskera. No creo que el mito vaya por ahí.

Prosigue Reguero con la idea de que en el nacionalismo, y se refiere al vasco,  se utilizó el idioma para señalar la diferencia entre vascos y españoles. O sea, que ha tenido un uso ideológico para marcar la diferencia entre nosotros y ellos.

Es cierto. Vuelvo a estar de acuerdo.

Más o menos esto es lo que me parece más importante de la entrevista.

Entonces, ¿a qué viene el artículo si estoy de acuerdo con el filólogo?

Empiezo, con un inciso, por precisar que en estos últimos tiempos el euskera está sufriendo ataques constantes en una misma dirección. Contra el propio idioma y su uso, contra su presencia en la sociedad y en los estamentos oficiales. Tengo que reconocer que Urtzi Reguero no sigue esa línea en términos generales, pero su desmitificación, creo yo, da argumentos a los que sí lo hacen. Recientemente se suceden resoluciones judiciales que anulan convocatorias públicas porque se valora en exceso al euskera. Debemos recordar que esta es una Comunidad con dos Lenguas Oficiales y nadie que esté en un servicio público debería ocupar ese puesto si sólo entiende una. No puede dar una prestación adecuada. Leí hace poco que menos del 20% de los jueces puede celebrar un juicio en euskera. Es decir, el 80% es monolingüe castellano o, al menos, no sabe euskera.

¿Cuál ha sido la medida tomada por las diversas instituciones para defender al euskera? Rebajar su exigencia. Es decir, aceptar la nueva poda de una las bases de nuestra identidad. Ahora hay una iniciativa de poner un brazalete o pulsera  a las personas que ingresen en centros sanitarios y quieran ser atendidos en euskera. Un brazalete, como si en vez de ingresar en Cruces o Txagorritxu lo fueran a hacer en Dachau. Toda esta situación nos retrae a épocas pasadas, pretéritas que creíamos, en nuestra inocencia, superadas.

El euskera ha sido sistemáticamente perseguido por las instituciones nacionales castellano/españolas y francesas desde el Siglo XVI y hay suficientes ejemplos de ello en la red, a nada que uno esté interesado en conocerlos.

Y, para concluir, vuelvo a la entrevista de Vocento. Y en lo que no estoy de acuerdo con Reguero.

En mi ignorancia filológica busco la palabra latina según su tesis de la que proviene aizkora, ascia. Y encuentro un poco asombrado que esta afirmación es una teoría, tan buena como otras que se remiten a su raíz euskérica, aitz kora, que no gora. Es decir, no hay una prueba empírica definitiva de esa afirmación para hacerla irrefutable. Forma parte de una discusión entre filólogos de diversas corrientes que sostienen hipótesis contrapuestas, no un hecho contrastado y probado. Y me puedo preguntar, ¿tal afirmación puede entrar en la categoría de mito?

Respecto a la utilización del idioma como arma ideológica y política, ¿podemos descartar que tanto el estado español como el francés nunca han usado esa herramienta, no han legislado contra el euskera, no han prohibido su uso, no han avalado mitos sobre lo que significa ser castellano/español o francés? Me parece muy reduccionista hablar del nacionalismo vasco y olvidar, obviar o esconder todo lo demás.

Yo no sé si soy muy de mitos, puede que de algunos. Los mitos nos hacen parecer mejor de lo que somos habitualmente.  O creemos ser. Y, en último caso, ¿quién no los tiene? El euskera es una lengua minorizada,  de resistencia frente a otras dos que le rodean completamente y que son habladas por millones de individuos por todo el mundo. Es casi obligatorio que tenga sus leyendas. Eso no minusvalora su origen ni su historia. Ni su evolución. Y además, hay otra razón para defender el euskera como joya viva de un pasado más o menos mítico de la Humanidad. Es la que ha dado esencia a nuestras raíces, a nuestras costumbres, a nuestra forma de ser y de integrarnos en el entorno que nos rodea. La que ha perfilado nuestra idiosincrasia y nuestras estructuras mentales. La que nos ha hecho vascos. Ni mejores ni peores que otros. Es nuestra lengua y menospreciarla no ayuda a su sostén, que ya de sí, es terriblemente precario.

Efectivamente, en un mundo uniformemente globalizado potencia el icono de Nosotros. Gu gara.

 

 

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