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Con Volbeat, el rock no está muerto

SERGIO QUERO

Martes 28 de octubre, puertas abiertas a las 18.00 horas en el BEC de Barakaldo. Con puntualidad inglesa comienzan a las 19.00 horas el cuarteto de unas jóvenes chicas de Manchester, Whitch Fever, pero con un aplomo en el escenario de unas veteranas rockeras con una puesta en escena ya masticada y con una potencia de quilates.

Los segundos teloneros, con una trayectoria de varias décadas, fueron los londinenses Bush, con una cercanía especial, con la sensación de aún sin saber «nada» sobre ellos, daba la sensación de conocerlos y de haberlos visto en algún lugar, como cuando ves a una persona que no conoces, pero te da la sensación de haber coincidido antes. El sonido de la guitarra demoledora, una apisonadora con unos riffs cargados de distorsión y una voz semirrota especial.

Sobre las 21:05 horas, con un telón con la silueta de los integrantes la banda que abarcaba todo el escenario y no daban ninguna pista de lo que iba a acontecer. Comenzaban los esperados daneses, Volbeat, girando con su Greatest of all Tours. Aquí la cosa se pone seria. Apuestan por uno de sus éxitos con una guitarreo reconocible y que en el momento de la entrada del resto de la banda, dejan caer el telón y a su vez, el público explosiona en júbilo por volver a ver a estos ya desde hace uno años gigantes del metal europeo.

Volbeat es una banda, que quien la conoce, sabe que tiene unos estribillos adictivos y una voz impecable, emulando (salvando las distancias) al rey de rock Elvis Presley y a su clara influencia, papa Het, James Hetfield (Metallica). Un sonido muy limpio y potente que dio al público lo que había ido a ver, un concierto con mayúsculas donde había personas old school y nuevas generaciones, lo que demuestra, que el rock no está muerto. De hecho, cuenta con más de 143 certificaciones de platino y oro en todo el mundo y diez #1 en el Billboard Mainstream Rock airplay chart.

Poulsen, el cantante, tiene la lección aprendida y sabe cómo meterse el publico en el bolsillo, con pequeños gestos y simpatía que hace conectar fácilmente al público con él. El resto del grupo toca con una precisión quirúrgica y conectando los afortunados de las primeras filas, hizo que mas de una persona se fuese para casa con un «me ha mirado, o un me ha saludado». A continuación, el concierto llegó a su fin y con una descarga de una hora y cuarenta min aproximadamente. Sse despidieron regalando púas, unos parches de batería y alguna camiseta.

La verdad, es una gozada ver grupos que no defraudan y con este alto nivel de energía, que se mantuvo durante cada canción de principio a fin. Esperemos volver a verlos pronto, que seguro que la gran mayoría que asistió, volverá a soñar con una cita con esta gran banda llamada,  Volbeat. ¡Larga vida al rock!

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