A Juantxu Larruzea, el rey de los Pirineos

UNAI LARREA
· Unai Larrea es periodista de Amorebieta-Etxano y redactor de ciclismo entre 1999 y 2006 en DEIA, diario en el que este domingo se ha publicado este artículo de opinión
Cada año, miles de aficionados vascos cuentan los días para la llegada del Tour de Francia a los Pirineos y, así, en sus cuestas, a escasos centímetros, poder contemplar y jalear a sus ídolos ciclistas. Durante años, los periodistas que cubríamos la ronda gala también contábamos no ya los días sino las horas para nuestro desembarco en la cordillera fetiche del ciclismo vasco, pero nuestra impaciencia era de otra naturaleza. Sabíamos, porque jamás faltó a la cita, que en alguna de aquellas carpas gigantes instaladas en los altiplanos de La Mongie, Aubisque, Cauterets o Hautacam aparecería Juantxu con un tesoro custodiado en papel de aluminio: dos, tres, ¡seis docenas! de canutillos rellenos de crema pastelera, fritos de madrugada por Asun y transportados durante horas con la máxima diligencia. ¡Qué alegría, qué homenaje para aquellos cuerpos ya castigados por el trabajo, los traslados y no pocos menús de gasolinera! Si encima tenías la suerte de haber conocido a Juantxu desde crío y sabías que para ti, “Bonjour, Unaitxu!”, había un sobrecito furtivo de jamón ibérico… La gloria.
Se nos ha ido Juantxu, un buen hombre. Cocinero, sí, y de los buenos. Posiblemente haya pasado bajo el radar su condición de integrante destacado de aquella revolución culinaria que se vino a llamar Nueva Cocina Vasca. Mientras a otros chefs se les asociaba a las estrellas Michelin, a Juan se le vinculaba con las dos ruedas. Y él era feliz, porque el ciclismo era una de sus pasiones, junto con su familia (Asun, Aitor, Andoni, Irune…), el Athletic Club y la caza. Nunca le obsesionaron el reconocimiento público ni las distinciones, pese a que en los 90 era realmente complicado comer mejor que en su restaurante de Enartze, hoy cerrado pero impecable y a la venta. Inolvidables las pencas rellenas e insuperable el solomillo al roquefort.
Juantxu y Aitor, que se nos fue hace casi tres años, estarán ya contando los días para el próximo Tour. El padre apostará por Pogacar y el hijo por cualquier otro, por el primero que se le pase por la cabeza, solo para llevarle la contraria. Así eran. Así les hemos querido. Y así les querremos. Siempre. Beti. Toujours.
La alcaldesa zornotzarra, Gorospe, Madariaga, ‘Sema’ e Iturrieta evocan a Juantxu Larruzea





