Desde que oficialmente se cerró la etapa franquista son ya esos 50 años los transcurridos pero ya se sabe que una cosa es la oficialidad y otra la realidad de los acontecimientos que vivimos.
Esta entradilla intenta poner en suerte que después de esos 50 años no hayamos sido capaces de eliminar los símbolos franquistas de nuestras vidas, lo que demuestra un par de cosas. Una que Franquito -como le llamaban sotto vocce sus colegas en el generalato- sigue como el Cid Campeador ganando batallas después de muerto, aunque estas sean las de la Memoria Histórica, y dos, que, han pasado en ese periodo del orden de 12 legislaturas en nuestro Ayuntamiento de Durango sin que ninguna de ellas haya sido capaz de acabar de manera radical con esa ignominia simbólica que es el monumento funerario que se erigió en nuestro cementerio en el 1939 por los «Caídos por Dios y por España», si bien es cierto que se le ha ido despojando de parte de su simbología, como el que va desplumando a un ave, sin que nuestros políticos hayan capaces de rematar su desmantelamiento total.
Hay una cita de la Primera Teniente de alcaldía del actual equipo de gobierno que me parece una referencia clara a seguir de una vez por todas y que dice. «Teniendo en cuenta que en la capilla se encuentran homenajeadas personas de diferentes sensibilidades, si lo que se pretende es recordar a los muertos en la Guerra Civil no debería sobrevivir ningún tipo de simbología que pueda suponer un rechazo o que represente a parte de ellos «.
Perfecto, pues nada, a ponerse a ello.






