Triki Azpiritxaga, el poco conocido «durangués de los mil oficios y las mil historias»
MUGA EN EL RECUERDO
El 24 de junio la tierra volvió a temblar en Venezuela. La Guaira fue una de las zonas más castigadas por el doble terremoto que sacudió el norte del país. Durante días, ese nombre ha ocupado titulares en todo el mundo. Pero La Guaira también ocupa un lugar imborrable en la historia del exilio vasco. Fue precisamente allí donde, el 6 de septiembre de 1939, desembarcó el durangarra Ricardo ‘Triki’ Azpiritxaga Murua, junto a un grupo de compatriotas que escapaban de la Guerra Civil y de la dictadura franquista para comenzar una nueva vida al otro lado del Atlántico. A pesar de haber en el lugar autoridades franquistas, entraron –según enfatizaban- ondeando la ikurriña. «Avistaron tierras venezolanas, tras una escala en el pueblo de Río Caribe, el envío de un telegrama a la Delegación Vasca en Caracas y los correspondientes trámites de ingreso, enfilaron rumbo al puerto de La Guaira, donde arribarían con la ikurriña izada en proa», explican sus nietos Ibane y Julen Azpiritxaga. Aquella imagen quedó grabada para siempre en la memoria de quienes protagonizaron una de las gestas más desconocidas y extraordinarias del exilio vasco.

La historia cobra actualidad también por otro motivo. El presidente de la Euskal Etxea de Caracas, Ibane Azpiritxaga, nieto del gudari, ha visitado estos días Euskadi junto a su compañera, y a dos hijas de Triki, Izaskun e Irantzu en un encuentro organizado por MUGA. El viaje les ha llevado el jueves hasta Durango, la villa donde nació Ricardo y donde sobrevivió al bombardeo fascista del 31 de marzo de 1937. Su propio nombre encierra un homenaje familiar. Sus padres llamaron Ibane al hoy presidente del centro vasco tomando la parte final del nombre del pesquero Donibane, uno de los dos barcos que llevaron a su abuelo hasta Venezuela. El otro se bautizó como Bigarrena.
Ricardo ‘Triki’ Azpiritxaga Murua nació en la villa vizcaina el 29 de julio de 1912, en el número 8 de la calle Intxaurrondo. Hijo de Demetrio Azpiritxaga y Martina Murua, creció junto a sus hermanos Soledad, Josefina, Jesús y Alfredo. Desde muy joven destacó como guardameta de la Sociedad Deportiva Cultural de Durango. Sus reflejos bajo los palos le abrieron las puertas del Real Zaragoza, con el que llegó a jugar en Primera División. También tuvo la oportunidad de fichar por el Athletic Club, pero en aquellos años el conjunto bilbaino no ofrecía compensación económica a sus jugadores y prefirió continuar en la ciudad aragonesa, donde compatibilizaba el fútbol con su oficio de electricista.

El nietro de Triki, el caraqueño Ibane Azpiritxaga, en el salón plenario de Durango este julio. JORGE VARELA
MENDIZALE
Otra de sus grandes pasiones fueron las montañas de Durangaldea. Excursionista infatigable, el movimiento mendigoizale despertó en él un profundo sentimiento de compromiso con Euskadi. Más tarde se incorporó al grupo Jagi-Jagi, iniciando un activismo nacionalista que contrastaba con el origen carlista de su familia.
El Golpe de Estado militar español y la guerra cambiaron para siempre su destino. Con apenas 23 años aparcó el balón para empuñar el fusil como gudari del batallón Kirikiño del Euzko Gudarostea. Combatió en la defensa del Cinturón de Hierro y en los últimos enfrentamientos que hicieron posible la evacuación de Bilbao.
El azar, un año ante, le hizo salvar la vida durante el bombardeo fascista italiano contra Durango. Su unida disfrutaba de un permiso y Triki se encontraba en casa cuando una bomba atravesó el tejado de la vivienda familiar. Milagrosamente nunca llegó a explotar. Poco tiempo después contemplaría desde un monte el resplandor del incendio provocado por el bombardeo nazi e italiano contra Gernika. También recibió un disparo en un glúteo sin apenas advertirlo y siguió combatiendo hasta que un compañero descubrió que se estaba desangrando mientras dormía.
Tras la caída de Bilbao llegó la derrota, la prisión y la condena a muerte. Capturado en Santoña, pasó por las cárceles de El Dueso y Larrinaga. Fue precisamente entre aquellos muros donde aprendió euskera. Cada noche escuchaba las descargas del pelotón de fusilamiento contra otros gudaris “mientras esperaba que llegara su turno”. La salvación llegó en enero de 1938 gracias a un intercambio de prisioneros organizado por la Cruz Roja Internacional. Rafael de Garate inmortalizó aquel instante en Un gudari condenado a muerte: «Primero Azpiritxaga (Triki)…». Aquellas palabras significaban escapar del paredón.
Libre de nuevo, decidió regresar al frente republicano. Conservó el grado de capitán de ametralladoras y se incorporó voluntariamente a la batalla del Ebro dentro de la 140 Brigada Mixta de la 44 División. Cuando murió el comandante Vicente Eguía Sagarduy asumió el mando de la unidad y consiguió contener el avance franquista en el estratégico cruce de Camposines.
Con la derrota republicana cruzó la frontera francesa por Le Perthus. Todo apuntaba a que terminaría internado en el campo de concentración de Gurs. Sin embargo, un gendarme que hablaba euskera decidió apartarlo de la fila y facilitar su traslado a la Delegación Vasca en París. Aquella casualidad volvió a cambiar su vida. En Baiona, recibió una propuesta para integrarse en un estado mayor de oficiales vascos exiliados. Prefirió comenzar una nueva vida. Gracias a Pedro Luis Goizaga conoció un proyecto tan arriesgado como insólito: trasladar dos pequeños pesqueros desde Baiona hasta Venezuela.
El Donibane y el Bigarrena zarparon el 16 de agosto de 1939 simulando una salida de pruebas para evitar los obstáculos administrativos franceses. Eran embarcaciones de apenas catorce metros de eslora y motores de cincuenta caballos. Bordearon la Península Ibérica, llegaron hasta Dakar y desde allí emprendieron una travesía atlántica que hoy sigue pareciendo una auténtica locura.
El 6 de septiembre de 1939 avistaron las costas venezolanas. Tras hacer escala en Río Caribe y comunicar su llegada a la Delegación Vasca de Caracas, pusieron rumbo a La Guaira, donde desembarcaron con la ikurriña ondeando en la proa. Aquel puerto sería la puerta de entrada a una nueva existencia.

Nada más llegar llevaba un franco en el bolsillo. Lo lanzó al mar como símbolo de un pasado que quedaba atrás. Con veinte bolívares prestados comenzó desde cero. Trabajó como electricista, carpintero e incluso cantante en bodas hasta abrirse camino en su nueva tierra.
IMPULSOR DEL CENTRO VASCO DE CARACAS
Junto a Blas de Gárate, Jon Oñatibia y Ángel Aznar impulsó la creación del primer Centro Vasco de Caracas, germen de la actual Euskal Etxea. Aquella institución se convirtió en el hogar de centenares de exiliados y en un referente de la resistencia democrática contra el franquismo.
Su compromiso continuó durante la Segunda Guerra Mundial. Integrado en el Servicio Vasco de Inteligencia promovido por el Gobierno Vasco en el exilio, colaboró con los aliados realizando labores de información para los servicios estadounidenses. Entre las operaciones más llamativas figura la obtención clandestina del código de comunicaciones de la Embajada española en Caracas.
En Venezuela también encontró el amor junto a Miren Arantzazu Badiola Irigoien, natural de Pasaia San Pedro. Tuvieron seis hijos —Aitor, Irantzu, Asier, Izaskun, Xabier y Unai— y Triki volvió a disfrutar del fútbol como jugador del Loyola y del Deportivo Vasco. Con el paso de los años llegaría incluso a entrenar a la selección venezolana que participó en unos Juegos Panamericanos.
Ni siquiera la edad apagó su espíritu aventurero. Con más de setenta años se internó en la selva amazónica venezolana junto a unos amigos que buscaban diamantes. No encontró ninguno, pero regresó con un fuerte paludismo y otra historia extraordinaria que contar.
Ricardo ‘Triki’ Azpiritxaga Murua falleció en Caracas el 27 de febrero de 2009, a los 97 años, rodeado de su familia. Sus nietos, Ibane y Julen, lo describen como «el hombre de los mil oficios y las mil historias». Futbolista de Primera División, gudari, condenado a muerte, capitán en el Ebro, exiliado, fundador del Centro Vasco de Caracas, colaborador del Servicio Vasco de Inteligencia -espía-, entrenador, montañero y aventurero.
Ahora que La Guaira vuelve a ser noticia por la fuerza devastadora de la naturaleza, conviene recordar que ese mismo puerto fue también la puerta de la esperanza para cientos de exiliados vascos. Entre ellos estaba Ricardo ‘Triki’ Azpiritxaga Murua, un durangarra que sobrevivió a las bombas, al paredón y al océano para levantar una nueva vida sin olvidar jamás la tierra que dejó atrás. Su historia sigue viva. Su biografía forma parte, además, del libro 31 vidas, el bombardeo contra Durango.





