Palabras cariñosas de agur a Cedrún, de Iribar, Guerrero, Gurpegui o Pradera
IBAN GORRITI
MUGA GOGOAN
Sedrún. Carmelo y sus ancestros se apellidaban así. Él mismo solía sacar aquella historia de vez en cuando, dejando los ojos como balones a quien le escuchaba. Su hijo Joseba volvió a ponerla en juego, a contragolpe de MUGA, en el tanatorio de Durango, durante la despedida civil al legendario muro de San Mamés. «Fue el Athletic quien consiguió que a mi padre no le tocara ir a África a hacer la mili. Resulta que, a los apellidados con la s, como Sedrún, les destinaban allí. Entonces el club le inscribió como Cedrún, cambiando la s por la c, y así pudo quedarse en Garellano, en Bilbao. A partir de ese momento, toda la familia nos cambiamos el apellido».

Carmelo Cedrún. IBAN GORRITI (MUGA)
Aquella letra cambió una vida. Y el apellido Cedrún acabó escrito con grafía de oro en la historia del Athletic, como también en el Espanyol. Carmelo falleció este lunes a los 95 años dejando el legado de una de las grandes leyendas rojiblancas, pero también el recuerdo de un hombre cercano, alegre, detallista con la infancia, y profundamente querido.
Defendió la portería de San Mamés durante catorce temporadas, disputó 404 partidos oficiales, levantó una Liga (1955-56), tres Copas y una Copa Eva Duarte, fue uno de los míticos Once Aldeanos y llevó sus guantes hasta la selección española, con la que disputó el Mundial de Chile 1962. Durante décadas mantuvo el récord de 132 partidos consecutivos de Liga con el Athletic, hasta que Iñaki Williams lo superó en 2019. «Aita ha sido una buena persona, competitiva y alegre», resume Joseba. Tres palabras que, con distintos matices, se repiten en casi todos los testimonios de quienes compartieron camino con él.
La primera jugada conduce a Amorebieta-Etxano. Su alcaldesa, Ainhoa Salterain, recuerda a Cedrún como «el referente de la comarca», pero sobre todo como el hombre que un día salvó la vida de su padre de entonces 12 años, porque eran vecinos en Oromiño. Cuando apenas tenía doce años quedó atrapado en el fango mientras se bañaba en la presa del Molino de Ibarra, de Oromiño. Carmelo, varios años mayor y ya conocido por su imponente fortaleza física, no dudó en lanzarse al agua. «Mi padre siempre ha resaltado la condición física que tenía Carmelo, un tiarrón. En cuanto vio lo que ocurría, entró al agua y lo sacó con toda su fuerza». Una intervención que explica tan bien quién fue como cualquiera de sus grandes paradas. “En mi casa han sido muy queridos y respetados con un vínculo muy cercano”.
El siguiente pase llega a la alcadía de Durango, la villa donde echó raíces durante décadas. Allí, la regidora Mireia Elkoroiribe evoca antes al vecino que al futbolista. «Ha fallecido Carmelo Cedrún, una de las leyendas del fútbol. Sin duda despedimos a un gran deportista, pero Durango despide sobre todo a una magnífica persona. Vecino cercano, humilde, simpático y gran conversador, era muy conocido y querido por todos en la villa. Le recordaremos con muchísimo cariño».
«ME ENTRENÓ EN JUVENIL»
José Mari González ‘Sema’ devuelve el partido a los orígenes. Antes de las finales, los récords y la selección aparece el joven baserritarra. «Carmelo era una gran persona. Me entrenó de juvenil en el Amorebieta los jueves. Su hermano Serafín jugaba conmigo. Era un verdadero aldeano. Buena persona. Demasiado, quizás». Sema todavía sonríe al recordar el viaje para verle debutar en San Mamés o el recibimiento que Amorebieta le brindó tras jugar con España frente a Turquía, con banda de música y comida popular. Y, cómo no, el eterno debate bajo palos. «Por sentimiento propio diría que es el mejor portero que ha tenido el Athletic, pero soy consciente de que hay uno al que le llaman El Txopo, que igual lee esto…», bromea.
La jugada no termina ahí. Pasa la bola a su sobrino. El periodista Unai Larrea, heredó aquella admiración tanto de su tío Sema, como de su abuelo materno, de igual nombre, quien, siendo presidente de la Sociedad Deportiva Amorebieta, fichó a Cedrún y le acompañó en tren hasta Bilbao para firmar su contrato con el Athletic en 1950. «Aitite guardó hasta su muerte, como el más preciado de los tesoros, la pluma con la que Carmelo firmó aquel contrato». Larrea pudo entrevistarle años más tarde para el documental del centenario del viejo San Mamés. «Carmelo era un torrente de historias, anécdotas, vivencias, nombres, datos… Era encantador, se hacía querer».
El esférico vital vuelve a continuación a Goienkalea, Durango. Allí, Iker Oceja, nieto del legendario capitán rojiblanco Isaac Oceja, conserva intactas aquellas Nocheviejas compartidas con los Cedrún. «Yo escuchaba embobado todas las anécdotas y peripecias que Carmelo contaba. Entonces aún no era consciente de la enorme talla del personaje que tenía delante, a pesar de tener en casa a mi aitite; Isaac, excapitán del Athletic». El penalti detenido a Kubala, los Once Aldeanos o el inolvidable partido bajo la nieve frente al Manchester llenaban aquellas veladas. «Pero, por encima de todo, siempre recordaré a Carmelo como una persona magnífica, entrañable y, sobre todo, sencilla».

Carmelo Cedrún. IBAN GORRITI (MUGA)
Quien también compartió muchos minutos con el ya mito fue Kevin Doyle, periodista deportivo de Eup! Durangaldea Telebista. «Carmelo Cedrún era Athletic. Lo transmitía en cada palabra, en cada gesto y en cada sonrisa». Doyle recuerda a un hombre incapaz de esconder lo que sentía por el club. «Siempre era optimista y, cuando el equipo perdía, sufría de verdad. Se le notaba porque llevaba al club en el alma». De aquellas conversaciones se queda con «su sabiduría, su sentimiento zurigorri y el enorme cariño que transmitía».
«UN MITO»
El reconocimiento también llega desde el vestuario rojiblanco. Carlos Gurpegui resume en una frase el respeto que despierta Cedrún entre quienes defendieron después la elástica zurigorri: «Para quienes hemos militado en el Athletic, Carmelo Cedrún siempre será un mito, sin duda». El navarro asiste a Carlos García, que remata. “Los jugadores del Athletic de Durango teníamos muy buen trato. Dimos hasta el pregón. Carmelo era excelente persona, muy buen compañero, atento y ha sabido disfrutar de la vida. Aprovecho para enviar un pésame a Joseba, Andoni y resto. Siempre conservaré un grato recuerdo de él”. A ese gol se suma, el Rey León: Julen Guerrero. “El Athletic siempre destaca por sus porteros. Yo desde que entré al club con ocho años ya había entrenamiento específico de porteros, que quizás eran pioneros, en otros lugares igual no había. Y aunque no vi jugar a Cedrún, si tengo amistad con su hijo Andoni. Su padre jugó entre Lezama e Iribar y las generaciones llegan hasta Unai, récord de imbatibilidad en el Mundial. Carmelo ha hecho historia”, concluye la perla de Lezama.

Cedrún en Wembley.
El exdiputado general José Alberto Pradera proyecta la dimensión humana del guardameta. «A Carmelo le he querido mucho. Se lo pude decir y se lo dije personalmente. Es el ejemplo de portero vasco: discreto, serio y con unos valores tremendos». En su opinión, Cedrún pertenece a una estirpe que enlaza generaciones bajo la portería rojiblanca. «Un caso de esas estirpes como las de Carmelo, Iribar o ahora Unai Simón. Cedrún hacía gala de unos valores humanos tremendos».
Después de tantos recuerdos, quizá la última palabra no necesite añadidos sobre el muro humano de San Mamés. La deja colgada Unai Larrea al explicar la admiración que su abuelo sintió siempre por Carmelo: «En casa de los Sema, aun siendo todos tan creyentes, Carmelo era dios». Hablando de deidades de las porterías, este obituario no podía alcanzar el minuto 90 sin la voz de José Ángel Iribar, seguramente la más autorizada para medir la grandeza de un guardameta como su colega Cedrún. “Entrenar con él era muy enriquecedor para mí. Yo aprendía de él ya solo viéndole. Sus entrenamientos eran muy duros. A mí, Carmelo me marcó de por vida”, pormenoriza de cuando fichó por el Athletic. “Como portero, lo hacía todo bien. Salía con seguridad, agresivo. Muy fuerte. Era como decirle al adversario: cuidado, que vengo. Imponía respeto. Por todo esto, como he hecho saber a la familia, he sentido mucho su pérdida, la de un portero completo”.

Manos de Carmelo Cedrún en 2012. IBAN GORRITI (MUGA)





