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22 FOTOS · «Duro camino de vuelta a casa» para los palestinos recibidos en Durango

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FOTOS IBAN GORRITI 

Las fiestas de Tabira y una posterior concentración en Andra Maria pusieron el broche final a la estancia en Durangaldea del grupo de ocho menores refugiados palestinos —cuatro niñas y cuatro niños— procedentes del campamento de Balata, en Cisjordania. Es un referente en el mundo como campamento de resistencia ante la ocupación israelí con una demografía hacinada que se sitúa entre las de Durango y Amorebieta-Etxano. Tras varias semanas -una en la comarca- de convivencia, solidaridad y actividades, emprendieron el viaje de regreso a sus hogares, un largo, duro y complicado recorrido que les llevará desde Francia, pasando por Niza, Turquía y Jordania, antes de afrontar controles militares (check-points) necesarios para acceder al mayor campamento de refugiados de Cisjordania donde residen, donde sufren a diario la impunidad sionista y sus leales defensores. Pese a la crudeza del trayecto, los propios menores reconocían en inglés a MUGA que, después de tantos días de viaje y de haber recibido un trato «inmejorable» por parte de las personas que les han acogido, tenían muchas ganas de volver a abrazar a sus familias. Uno de ellos con el brazo escayolado. “Me lo hice en Francia, jugando a fútbol”, tranquilizaba el siempre sonriente chaval.

 

La despedida tuvo lugar momentos antes del txupinazo de fiestas del barrio de Tabira, donde los niños y niñas participaron en un emotivo –y también divertido- acto cultural interpretando la dabke, la danza tradicional palestina, junto a dantzaris de Kriskitin, en un encuentro que simbolizó el intercambio cultural y los lazos de amistad creados durante su estancia. Invitaron, además, de forma espontánea a niñas y niños de la villa a que se sumaran a los bailes.

Los menores llegaron a Durangaldea gracias a la iniciativa impulsada por Durango-Palestina, en colaboración con el Childhood and Tolerance Center, entidad que trabaja con la infancia y las familias del campamento de Balata ofreciendo apoyo educativo, psicológico y social. El objetivo del proyecto ha sido brindarles unas semanas de tranquilidad lejos de la violencia y las difíciles condiciones que afrontan diariamente.

Durante su estancia disfrutaron de experiencias que para muchos de ellos eran completamente nuevas. Entre los momentos más especiales destacó su primer baño en el mar, en la playa de Ondarroa, algo que repetirían también en Deba. También visitaron distintos municipios de Durangaldea y Bizkaia, participaron en actividades culturales y deportivas, conocieron San Mamés y las instalaciones de Lezama, compartieron jornadas con asociaciones locales y estrecharon vínculos con las familias y voluntarios que les acompañaron durante estas semanas.

La estancia también estuvo acompañada por diversas iniciativas solidarias, como el festival organizado en el Gaztetxe de Durango con grupos de rock locales como Astoturfer y Føsil, para recaudar fondos destinados al Childhood and Tolerance Center y dar a conocer la realidad que vive la población refugiada de Balata, un campamento donde residen más de 23.000 personas refugiadas. Algunas fuentes amplían la cifra a «33.000», según Durangaldea-Palestina. «Y tienen agua solo un día a la semana», apostillan. Música, danza, exposiciones y actividades para todos los públicos sirvieron para implicar a la ciudadanía en un proyecto que ha dejado una profunda huella tanto en los menores como en quienes los han acogido. Por su religión, musulmana, en una casa pernoctaban las chicas y en otra los chicos. Ha estado con ellos un monitor. Se preveía que viniera también una monitora, pero no ha sido posible. De todos modos, mujeres de la dinámica Durangaldea-Palestina han estado con ellas en todo momento.

Ahora, tras unas semanas marcadas por la convivencia, el cariño recibido y experiencias que difícilmente olvidarán, los ocho menores regresan a una realidad muy distinta. Se llevan el recuerdo de Durangaldea y de las personas que les han abierto las puertas de sus casas, mientras aquí queda el deseo compartido de que algún día puedan volver, pero en un contexto de paz tanto en Palestina como en Euskal Herria. O devolverles la visita.

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