Landako Eskola vuelve a sembrar emociones con «una canción para Pedro, el de Basondo»
MUGA EDUCACIÓN
Un grupo del alumnado de quinto de Primaria de Landako Eskola, en Durango, ha compuesto y grabado por su cuenta una canción para José Pedro Raposo, trabajador de Basondo, en Kortezubi, con motivo de su próxima marcha tras casi cinco años vinculado al ecosistema de fauna de Urdaibai. Titulada Pedro, ¿dónde andarás? (Pedro, non egongo zara?), la canción se ha convertido en un emotivo homenaje a la figura de este portugués de 62 años, que esta semana emprenderá una nueva etapa vital lejos del parque. Sus pequeños amigos y amigas de la escuela pública euskaldun de Durango le despiden aunque «seguiremos en contacto». Algunas de estas familias son socias del centro Basondo, valores que quieren compartir y transmitir a sus hijas e hijos como apoyo enriquecedor para su crecimiento educativo.

Carátula de la canción. IA
El pasado viernes, Raposo escuchó por primera vez la canción interpretada por los escolares, quienes participaron activamente tanto en su creación como en su grabación. El proyecto contó con la colaboración de Mikel Quesada, de Elorrio, técnico responsable de la producción y grabación del bonito tema. Como protagonistas absolutos de la canción participaron cinco niñas y tres niños de quinto curso, que pusieron voz a una historia cargada de afecto, naturaleza y recuerdos compartidos. La experiencia volvió a demostrar que Landako Eskola -como Basondo- es también un ecosistema muy vivo, donde continuamente germinan y se cosechan proyectos educativos, culturales y humanos de gran valor.
ALGUNOS SON HUELLA
La grabación se realizó entre Durango y Elorrio, dando forma a una canción que recorre paisajes, animales y experiencias compartidas durante estos años en Basondo, evocando la profunda huella que Pedro ha dejado entre quienes le han conocido.
Mientras sonaban versos como “desde Alentejo a Euskadi, desde Basondo a Portugal”, Raposo apenas pudo contener la emoción. El homenaje reflejaba el estrecho vínculo que había tejido con generaciones de escolares, familias y visitantes que han pasado por el centro de recuperación y educación ambiental situado junto a la cueva de Santimamiñe y el Bosque de Oma.
Raposo llegó a Basondo casi por casualidad. Tras trabajar en una hípica en Cantabria, encontró un anuncio en el que se buscaba personal para una “granja escuela” en Bizkaia. Su interés por conocer Euskal Herria y su cultura le llevó a enviar su currículum. Lo que inicialmente iba a ser una experiencia temporal acabó convirtiéndose en un proyecto de vida.
«BASONDO ME HA ACOGIDO A MÍ»
“Yo estaba buscando un sitio donde pudiera tener una casa, hacer un huerto y vivir en el campo”, recuerda. Aquella búsqueda encontró respuesta en Basondo, donde no solo desarrolló su labor profesional, sino que terminó sintiéndose parte de un proyecto colectivo. “Igual, finalmente, Basondo me ha acogido a mí”, resume.
Natural de la región portuguesa de Alentejo y exjugador de baloncesto de 2,02 metros de altura, Raposo ha dedicado estos años al cuidado y bienestar de los animales del parque. Su filosofía de trabajo ha estado marcada por la observación, el respeto y una visión integral del entorno. “Yo más que un animal siento que el conjunto es un sistema vivo. Si no hubiera árboles no habría animales. Todo el sistema es lo que funciona”, explica.
CANCIÓN CREADA POR LANDAKO ESKOLA
Esa forma de entender la naturaleza también aparece reflejada en la canción creada por el alumnado de Landako Eskola. La letra no solo menciona el paisaje y los animales de Basondo, sino también valores que quienes le conocen identifican con él: la convivencia, la escucha, el respeto y el compromiso social. Frases como “y que sople el viento y que traiga prosperidad, y que calle el odio y que sepamos hablar” sintetizan buena parte del mensaje que ha tratado de transmitir durante su estancia en Urdaibai.
Más allá del cuidado de la fauna, Raposo ha destacado por su relación con los escolares que visitaban Basondo. Muchos acudían atraídos tanto por los animales como por las conversaciones y experiencias que compartían con él. Entre los recuerdos que conserva figuran encuentros especialmente significativos, como el de una alpaca que se acercó espontáneamente a un niño con autismo durante una visita escolar, o el vínculo que un menor con necesidades especiales estableció con una serpiente del maíz.
LANDAKO ESKOLAKO BASONDISTAK
Su implicación con la comunidad educativa fue más allá de las visitas al parque. También colaboró en actividades deportivas y comunitarias, entrenando a un equipo femenino de baloncesto en San Fidel Ikastola de Gernika-Lumo y participando activamente en el grupo de familias de Landako Eskola conocido como “Basondistak”, una denominación nacida de forma espontánea entre el alumnado y que terminó convirtiéndose en símbolo de una experiencia compartida.
Ahora, cuando se dispone a regresar a Portugal para iniciar una nueva etapa, rechaza hablar de despedida. “Esto es una celebración, esto no es una despedida. Es un continuar siempre”, afirma. Una idea que también sobrevuela la canción que lleva su nombre y que concluye con una pregunta sencilla pero cargada de significado: “Pedro, ¿dónde andarás?”.
La respuesta, para quienes han compartido estos años con él, parece clara. Esté donde esté, el legado humano y educativo que deja en Basondo continuará formando parte de la memoria colectiva de quienes aprendieron a mirar la naturaleza a través de sus ojos. Quienes dejan huella se llevan consigo estos himnos.
Landako Eskola, la gran triunfadora del Concurso Interescolar de Durango





