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RECUERDOS DE NIÑEZ · ‘Regreso al parque de Pinondo’, por Pedro Gómez

PEDRO GÓMEZ

Al hilo de lo publicado en este medio de información, el 13 de abril de 2026, sobre la restauración de la escultura de Pablo Pedro Astarloa y la cruz de Pinondo, me vinieron ciertos recuerdos de niñez.

Parque de Pinondo en 2024. PEDRO GÓMEZ

No tendríamos ni 12 años cuando nos juntábamos los amigos del colegio, que vivíamos en el casco viejo, en este parque de los cinco continentes de Pinondo, donde había árboles de cada continente, a pasar los calores del verano. Mínimo había un árbol de cada continente, porque, a día de hoy, faltan 7 de aquellos árboles, la secuoya enorme y un cerezo entre los más recordados. El parque tenía una pequeña valla blanca de unos 40 cm de alto, que con el tiempo fue sustituida por otra de diseño negro. Actualmente no hay nada.

Este parque, de entrada a la villa de Durango, como queda reflejado en un cuadro de Darío de Regoyos, siempre fue nuestro pequeño refugio del calor veraniego, porque, aunque parezca mentira, la fuente maltrecha y esquilmada, como todo lo público actualmente, daba agua por sus 4 caños. (No se contempla su reparación tampoco ahora, y ya son casi 20 años, o sin casi, sin dar agua).

Aquí jugábamos a abrazar a los árboles, a las canicas, al béisbol (quién lo diría), a aquellas cartas infantiles, al intercambio de cromos, y, si había agua en el césped, se jugaba hasta al inque.

De aquel parque con árboles monumentales, nos quedan dos ejemplares que debemos cuidar, porque son patrimonio de los durangueses: el cedro de Líbano y un ginkgo biloba.

En Euskal Herria, tenemos 2 ejemplares magníficos de esta especie, uno en Hernani de unos 21 metros y este en Durango, que andará sobre los 30 metros, lo que le hace ser el más alto de nuestro territorio.

Este ejemplar es macho; tuvimos un ejemplar hembra, bien cerca de él, pero fue talado. Estaba ubicado delante del Museo de San Agustín y era conocido por su fruto, ya que, al caer al suelo y romperse o ser pisado, produce un olor muy desagradable. Este árbol desapareció de nuestro entorno, lo cual lamentamos, aparte de por su desaparición, por lo que significa y más para lo que debería de significar para un pueblo como Durango. Y es que hay muchas casualidades.

Hace unos días tuvimos unos actos de recuerdo por los trágicos y execrables bombardeos que sufrió nuestra villa hace 89 años, al igual que posteriormente los sufrieron las ciudades de Hiroshima y Nagasaki en Japón, durante la Segunda Guerra Mundial. Pues bien, los árboles que aguantaron la terrible bomba atómica fueron los ginkgo biloba. Quedaron en pie y volvieron a brotar. Nosotros tenemos posiblemente el más grande de Euskal Herria, seguido de otro en Hernani (o a la par, eso da igual).

Sería muy bonito, para el pueblo, y ya que se va a restaurar la cruz y la estatua de Pedro Pablo Astarloa (esperemos que le pongan la pluma), que se intentara poner aquellas especies de árboles, que se adecuara el suelo para que puedan pasar nuestros mayores (el parque está entre dos residencias, por poner un ejemplo), que se repare la fuente para nuestros hijos y que se dé valor a los árboles, y más a este ginkgo biloba que aguantó en pie los bombardeos a Durango, como sus parientes lejanos aguantaron las bombas atómicas de las ciudades de Hiroshima y Nagasaki.

Y que se pueda disfrutar del parque en toda su plenitud, con respeto, como cuando éramos niños.

Y de esos recuerdos, seis todavía amigos: Alex, Juanjo, Jesús, Alberto, Santi y Pedro.

· A continuación el texto al que Gómez hace referencia:

Inminente restauración de la escultura de Pablo Pedro Astarloa y de la cruz de Pinondo

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