14 de abril en Saibi, el monte donde la historia aún sigue en lucha contra el fascismo
IBAN GORRITI
MUGA ANTIFASCISTA
Hoy, 14 de abril de 2026, se conmemora el 95º aniversario de la proclamación de la Proclamación de la Segunda República Española en 1931, una fecha cargada de significado político y social que, años después, quedaría trágicamente entrelazada con los episodios más duros de la guerra militar de 1936. En este mismo día, pero de 1937, es decir, hace 89 años, el monte Saibi —nombre oficial; Saibigain significa cumbre de Saibi, que no es un apócope— fue escenario de uno de los combates más intensos y simbólicos del frente vasco.

El comandante Felipe Bediaga y sus hombres en una foto coloreada por MUGA. Puede que los colores no fueran los de la época.
Los cráteres de las bombas aún parecen hacer temblar la loma herbosa y el corazón de quien conoce los sucesos ocurridos en la batalla de Saibi. La contienda tuvo lugar en abril de 1937, en plena guerra militar de 1936, tras el intento fallido de golpe de Estado que nueve meses antes habían protagonizado militares contrarios a la democracia de la Segunda República.
El diario Eguna —primer periódico íntegramente en euskera— recogió la heroica resistencia de los gudaris y milicianos, apoyados por brigadas expedicionarias asturianas, frente al avance del bando sublevado y sus aliados. A partir del 31 de marzo, tras la ruptura del frente de Bizkaia —“paradójicamente en Araba”, matizaba años atrás el investigador Guillermo Tabernilla—, se desencadenó la lucha por las cimas estratégicas. El monte Saibi se convirtió en un símbolo de aquella pugna: un monte conquistado y reconquistado en medio de condiciones meteorológicas extremas, lo que alimentó su leyenda hasta ser conocido como el monte de la sangre.
El 15 de abril de 1937, el periódico Eguna abría su portada con un titular rotundo: Sebigan mendia oso-osorik gurea da (“El monte Saibi es completamente nuestro”). Sin embargo, mientras los lectores leían esas palabras, la posición volvía a cambiar de manos. La euforia quedaba ensombrecida por la tragedia: en el momento de izar la ikurriña, una bala acabó con la vida del comandante Felipe Bediaga Aranburu, a quien el periódico dedicó un emotivo homenaje.
Orgullo, ilusión y tristeza se entrelazaban en aquellos días. El 12 de abril, la segunda brigada expedicionaria asturiana había tomado la cumbre para el bando republicano; el 13, los sublevados la recuperaban; y el 14, el batallón Arana Goiri volvía a alzar la bandera vasca en la cima. Eguna describía aquel momento como un breve respiro: “un silencio que no había tenido en días”, en medio de un clima “el peor para la guerra”.
“A pesar de la sangre”, relataba el periódico, los combatientes resistieron. Durante unas horas, incluso los aviones sobrevolaron el monte sin atacar. Pero la tregua fue efímera: la artillería volvió a rugir y los combates se intensificaron. Los republicanos, escribía el diario, lucharon “con coraje, vitalidad y llenos de energía”, empleando incluso bombas de mano para desalojar al enemigo de sus posiciones. La jornada dejó numerosas bajas en ambos bandos y escenas de extrema dureza.
El propio Eguna elevó el tono épico: “El enemigo recordará este día por mucho tiempo”. En paralelo, dedicó un obituario a Bediaga, al que definía como “mártir abertzale”. Comandante del batallón Arana Goiri —la primera unidad militar del PNV organizada como batallón—, Bediaga ya había combatido en Elgeta en octubre de 1936. Herido entonces, seis meses después moriría en Saibi, el 14 de abril de 1937, tras liderar a sus hombres desde la primera línea.
El redactor con épica subrayaba que cayó “delante de sus gudaris”, “mirando a la cima”, tras haber plantado la ikurriña. Su muerte simbolizaba el alto coste humano de aquella lucha, en la que también perecieron otros oficiales como el capitán Olano, vidas como las de otros gudaris y milicianos vascos y asturianos de igual valor.
El escenario que dejó la batalla fue descrito como dantesco. Según trabajos de Guillermo Tabernilla y Julen Lezamiz, el cuerpo de Bediaga nunca fue recuperado. Al caer la noche, el monte estaba cubierto de cadáveres y heridos; muchos no pudieron ser evacuados. Al día siguiente, la posición se perdió definitivamente tras el ataque de la Primera Brigada de Navarra. El monte de la sangre había dejado cerca de cincuenta muertos y más de un centenar de heridos en el batallón Arana Goiri, mientras que otras unidades también sufrían importantes pérdidas.
Hoy, casi nueve décadas después, el 14 de abril sigue siendo una fecha para la memoria: no solo por lo que representó en 1931, sino también por lo que ocurrió en lugares como Saibi, donde la historia se escribió con barro, niebla y sangre. Eran tiempos en los que los dirigentes eran los primeros en la línea del frente donde gustaría ver hoy a los Trump, Netanyahu, Ayuso, Abascal y otros mandatarios.





