HOY RECORDAMOS A… · Las Belaustegigoitia y la esquela del bombardeo de Durango
IBAN GORRITI
MUGA HOY RECORDAMOS A…
Maitane y Yone eran dos de las personas que nunca faltaron a los actos de conmemoración de los bombardeos fascistas contra Durango del 31 de marzo de 1937 y días siguientes. Décadas después del ataque aéreo fascista no podían -ni como decían ellas «ni debemos faltar»- a los aniversarios porque las bombas les seguían explotando en las entrañas y era el día de sacarlo, de amplificarlo, de sin miedo y tras 40 años de eterno silencio del Estado terrorista franquista, denunciarlo.

Hermanas Belaustegigoitia y dantzaris de Kriskitin. IBAN GORRITI (MUGA)
Las hermanas Belaustegigoitia Ortueta conservaban el que los investigadores consideran único documento público que durante el franquismo «acreditó» la masacre fascista. Una esquela que pudo con la censura totalitarista. Los historiadores –no yo, que soy periodista- coinciden en pormenorizar que tal vez únicamente ese documento certificó de forma pública en aquellos años el asesinato de numerosas personas en la iglesia San José Jesuitak.
Las ya fallecidas hermanas duranguesas Yone y Maitena Belaustegigoitia lo atesoraban como acreditación de que su hermana Iciar -«así escrito su nombre»- murió víctima del bombardeo fascista en el interior del templo de la calle Kurutziaga, vía del callejero local por la que llegaron volando las bombas de la aviación fascista italiana y por donde, días más tarde, entraron los afectos a los militares golpistas españoles Mola, Franco o Vigón, generales españoles que ordenaron a la aviación legionaria italiana a masacrar Durango bajo planificación del Estado mayor de la Legión Cóndor nazi y «sin tener en consideración a la población civil», como dejaron por escrito entonces.
Junto al nombre de Iciar Belaustegigoitia, aquella joven de entonces 17 años, aparecen el resto de personas que asesinaron. Lo más curioso de todo es que nadie se explica aún cómo esa esquela de «Solemnes Funerales» publicada el 31 de marzo de 1943, seis años después de la catástrofe, logró esquivar la censura de la época, en los años más duros de la dictadura.
Los propios jesuitas pagaron su inserción en un periódico que las propietarias del recorte no acertaban a recordar cuál fue. «Tiene mucho mérito que lograran insertarla en el periódico», valoraba Maitena Belaustegigoitia, quien agregaba que esa necrológica «ha viajado mucho, la llevado siempre conmigo en el bolso hasta a un viaje a Tierra Santa que hicimos, aquí la tengo», me mostraba emocionada durante un acto de conmemoración de los bombardeos.
«QUE LOS JÓVENES NO LO OLVIDEN»
Allí explotaban ante la grabadora a pesar de su apariencia frágil: «¡Esto no hay que callarlo! ¡Hay que contarlo, y que los jóvenes lo mantengan, no lo olviden!», dirigía la mirada a dantzaris de Kriskitin Dantza Taldea presentes el 31 de marzo de 2007 con quienes posaban para la cámara. «Ez ahaztu, mesedez!» (¡No lo olvidéis, por favor!), les pedía levantando sus manos casi de cristal.
Las dos hermanas se libraron del bombardeo por una casualidad. A Yone -«mi nombre lo escribo con Y, como me lo inscribió mi padre», enfatizaba- se le había roto un botón del vestido y se demoró en coserlo, por lo que Iciar no quiso esperar para llegar puntual.
Maitena, por su parte, sí aguardó a Yone y aunque siempre iban a la iglesia de San José, por cercanía, decidieron entrar a la eucaristía de Santa Ana, único templo del casco viejo local no bombardeado durante aquel «Miércoles de Pascua».
Tras menos de «medio minuto» de trágico bombardeo matutino -por la tarde hubo otro-, conocieron la más dolorosa noticia: el fallecimiento de Iciar. Las tres hermanas de Bruno Mauricio Zabala kalea eran hijas del histórico euskalzale Federico Belaustegigoitia (Laudio, 1876 – Getxo, 1947), uno de los impulsores de Euskaltzaindia y concejal por el PNV en la corporación de Durango.
Este histórico pedagogo fue pionero en abogar por la necesidad de un euskara unificado, el «batua». En tiempos de la Segunda República ya tradujo varios juegos didácticos a la lengua vasca y creó material didáctico para ikastolas.
Federico perdió a su hija Iciar el mismo año en el que tras la «toma del poder del ejército de ocupación» –como denominó el régimen golpista sublevado contra la legítima Segunda República la entrada en Bizkaia– se prohibió el euskara con el denominado de forma sarcástica ‘‘Decreto de los dialectos locales’’.
Así las cosas, en 2002, el ayuntamiento de Laudio y Euskaltzaindia rindieron homenaje a Federico Belaustegigoitia, y lo nombraron hijo de la localidad alavesa. En aquel acto, estuvieron invitadas sus hijas Yone y Maitena, dos inseparables. La primera falleció años antes que la segunda.
«HAN VENIDO LOS POBRES DE DURANGO»
El 26 de abril de 1937, según especificaba durante el evento, al amanecer la familia afincada en Durango se trasladó a casa de la abuela materna, a Laudio. «Nos decían: Han venido los pobres de Durango». Aquel día no hubo allí avión alguno y nos comentaron también, «parece que nos habéis traído la paz», pero pronto tuvimos la noticia del bombardeo de Gernika de aquel mismo día», manifestaron, palabras que han quedado custodiadas en la biblioteca de Euskaltzaindia, según he tenido acceso.
Tras la masacre, la familia puso camino al exilio: a Capbreton (Las Landas) y a Kanbo (Lapurdi). «En la estación, coincidimos con Patxi Errotakoa, euskaldun de Laudio. Aquella sí que fue alegría, la de nuestro padre», dio testimonio Maitena. De Kanbo partieron a Angelu. Allí también coincidieron con conocidos como Gavel y Lafitte, citaba. Con la llegada de los nazis, salieron hacia territorio ya franquista por Hendaia (Lapurdi). De Donostia viajaron de nuevo a casa de la abuela de Laudio.
«Estuvimos en una casa en Las Arenas, para esperar la llegada de nuestro padre, ocurrida en 1940 tras regresar de África», apuntaba. Siete años después Federico falleció y en 1952 retornaron a Durango. Las hermanas Maitena y Yone denunciaban la entrada a la villa de los aliados de infantería como fueron «los carlistas, requetés, falangistas, sección marroquí…».
Los a la postre franquistas -otro dato curioso-, quemaron la biblioteca del hogar de Federico Belaustegigoitia. El entonces académico de número de Euskaltzaindia, el abadiñarra Juan Luis Lizundia, también estuvo presente en el homenaje que Laudio tributó al euskalzale cuando Pablo Gorostiaga estaba de alcalde de la localidad. Fue regidor primero bajo las siglas de Herri Batasuna y luego por Euskal Herritarrok.
«Hermanas Belaustegoitia –se dirigió Lizundia a ellas-, a menudo coincidimos en el pórtico de Andra Maria que tanto amáis. Sois testigo de la Euskal Herria que tanto habéis amado y del amor por todo lo que tenga que ver con el euskara. Testigos por vuestro padre y los Ortueta: Hasta la fecha hemos vivido en la misma calle. En Durango siempre ha habido apoyo a lo euskaldun. Desde los tiempos de Astarloa, las fiestas eúscaras de 1886, el primer Congreso de 1921 de Euskaltzaindia, en el que participó vuestro padre».
OPINIÓN DE LIZUNDIA
Maitena, última hija viva del impulsor de la Real Academia de la Lengua Vasca Euskaltzaindia, Federico Belaustegigoitia Landaluze y de María Ortueta, falleció el 12 de abril de 2013 a los 90 años de edad. Su misa funeral se ofició en la basílica Santa María de Uribarri de Durango. «En Durango, la ciudadanía no es consciente de lo importante que fueron Maitena y Yone, como el resto de su familia. Su padre Federico Belaustegigoitia. No se les reconoce», lamentaba Lizundia.
A día de hoy, aún son dos de las hermanas más recordadas de la villa. Y quién sabe dónde descansará aquella esquela, además, de en hemerotecas.
Balendin Lasuen, el referente cultural que plantó árboles, tuvo hijos y escribió libros





