Un siglo de la anexión de Iurreta a Durango, decisión dictatorial que ignoró al pueblo
IBAN GORRITI
MUGA LA GUÍA DEL OCIO DE DURANGALDEA
Un siglo se cumplirá el 12 de noviembre desde que, durante la dictadura de Primo de Rivera y en contra de la voluntad mayoritaria de la ciudadanía, la anteiglesia de Iurreta fue obligada a anexarse a la villa de Durango. Tal y como recogen los documentos municipales, la decisión no respetó la opinión del pueblo, que sufrió la pérdida de su libertad y de su identidad como entidad propia.

Iurreta. GEREDIAGA ELKARTEA
El motivo de la anexión se encuentra en las ambiciones expansionistas de Durango, que, ante su limitada extensión territorial, buscaba ampliar sus límites en plena fase de industrialización de la comarca. Este acto dejó a Iurreta subordinada durante 64 años, hasta que su ciudadanía logró finalmente recuperar la autonomía que le había sido arrebatada.
Con la instauración de la Segunda República, la ciudadanía de Iurreta intentó revertir la anexión, pero sus esfuerzos se vieron truncados por la guerra militar de 1936 y la posterior sanguinaria dictadura del golpista Franco. Durante este periodo se sucedieron movimientos en favor del reconocimiento del municipio como “Entidad local menor”, que no fueron atendidos, prolongando la frustración de la comunidad.
EL 1 DE ENERO DE 1990
Tras la muerte del genocida y con la transición democrática, la persistente reivindicación de Iurreta encontró eco. Tras arduas negociaciones, la desanexión se hizo finalmente efectiva el 1 de enero de 1990, devolviendo al pueblo la autonomía que históricamente le había sido negada. Cien años después, la ciudadanía puede recordar este episodio como un símbolo de resistencia y de defensa de su identidad, reconociendo la tenacidad de su ciudadanía ante una afrenta que parecía irreversible.





