Ruido contra el silencio el jueves. Zornotza Palestinarekin ostegunean
ZORNOTZA PALESTINAREKIN
La macabra sinfonía de tambores de guerra con la que ha empezado el 2026, representa otro capítulo más en esa constante disputa por el dominio internacional, una batalla determinada a convertir el planeta en un tablero de juego donde desplegar una insaciable voracidad de poder. Escenario que desde hace demasiadas décadas ha tenido una de sus más sangrientas representaciones en Palestina, embestida por los intereses occidentales y la sangrienta ensoñación mística del sionismo. Sacudido por un genocidio que pretende ser ocultado actualmente por juegos malabares en forma de engañoso acuerdo de paz, sin embargo, la tozuda realidad traslada un paisaje donde el hambre, la represión violenta y las devastadoras consecuencias de un aniquilamiento militar sigue siendo el retrato de esa zona del mundo. Precisamente por eso, y dado el mutismo mediático al que está siendo sometido el sufrimiento del pueblo palestino, de nuevo compete a la movilización popular revertir esa anestesia colectiva, y para ello nada mejor que, a modo de cacerolada que tendrá lugar el próximo jueves 29 de enero en la Herriko Plaza de Zornotza, emitir un ruido que dispute la hegemonía a ese silencio que significa abandonar a su suerte a una población que solo ha conocido el sufrimiento como forma de vida.

Dado que los Imperios, llámense Estados Unidos, Unión Europea o cualquier otro tipo de alianza, parecen latir solo al son del ritmo de las monedas, o billetes, cualquier presión que pretenda alterar sus partidistas hojas de ruta debe de focalizar una de sus luchas precisamente en ese ámbito económico. Una fórmula que, en lo que respecta a la actitud del ciudadano cotidiano, necesita de una acción directa derivada en el boicot activo a todos esos productos, empresas o firmas que en su balanza de beneficios conjugan también el apoyo, más o menos contundente, a las políticas del Estado de Israel, o dicho de una manera más explícita, cada vez que sus cajas registradoras suman ganancias, lo están logrando gracias al sufrimiento del pueblo palestino. Y es que, aunque las decisiones a nivel global se dirimen en ámbitos que nos superan, está demostrado que la iniciativa popular puede suponer un goteo lo suficientemente persistente como para alumbrar un replanteamiento en las decisiones de las grandes corporaciones.

Más allá de actividades simbólicas o particulares, todas dignas de ser tomadas en consideración, recientemente ha sido anunciada una iniciativa ciudadana que pretende interpelar directamente a la Unión Europea a través de una recogida de firmas (a la que se puede acceder a través de la web Justiceforpalestine.eu) con el fin de llevar a su Consejo la votación respecto a la ruptura total de acuerdos con el Estado de Israel. Una oportunidad, posibilitada si se alcanza el millón de adhesiones, que abre un escenario hasta ahora inédito, ya que al margen de los futuribles resultados que de ella se obtuviera, obliga a todos los representantes a emitir un voto que aclararía, y señalaría, cuál es en última instancia su posicionamiento real frente a la toma de medidas contra el genocidio. En ese sentido nunca ha estado tan cerca y accesible la oportunidad de traducir en hechos consumados lo que se ha presentado en múltiples oportunidades como palabrería -de buenas intenciones, pero huérfana en la práctica- esgrimida por parte de muchas siglas de partidos políticos. A ellos corresponde votar en un sentido u otro, pero en todos nosotros está tanto la responsabilidad de que se llegue a producir como de construir un muro de presión popular tan sólido que resulte imposible ser desoído.
En un ámbito geopolítico como el actual, donde el poder y los intereses estratégicos cada vez se presentan de manera más desvergonzada y violenta, de nuevo, la movilización social tiene que arrogarse el papel de actor principal en la lucha por los derechos humanos y la solidaridad. La paz nunca puede ser una moneda de cambio, ni un término que pretenda legitimar espurias intervenciones e invasiones. Palestina, por desgracia, sabe mucho de papeles mojados en sangre y de apretones de manos que significan la sumisión y la muerte. Y no nos estamos refiriendo a episodios históricos del pasado, sino a lo que sigue sucediendo a día de hoy, donde se pretende teledirigir un futuro que solo será digno y libre cuando sea su propia población quien tome las decisiones, y para eso no hay otro camino que seguir entonando y compartiendo el ruido que hace la libertad cuando se desprende de las cadenas.





