Con dolor de espalda y orgullo en las manos, José Luis García restaura anónimo los bancos de Durango

MUGA PATRIMONIO
IBAN GORRITI
En cada banco reluciente de las plazas y calles de Durango hay mucho más que pintura fresca: hay horas de trabajo, esfuerzo físico, conocimiento técnico y una enorme dedicación. Detrás de esa tarea paciente y poco visible está José Luis García, miembro de la brigada municipal del Ayuntamiento de Durango, que con 61 años sigue dejando el listón bien alto en compromiso y profesionalidad.

José Luis García restaurando un banco municipal en Txibitena. IBAN GORRITI
Natural de Arrasate, aunque durangarra de adopción —su mujer es de la villa y en ella reside desde hace años—, José Luis lleva cuatro años trabajando en la brigada municipal. Estudió electricidad en Formación Profesional. “A mí me gusta que el trabajo esté bien hecho, y eso me hace que acabe dolorido. Con un banco me pego dos días de trabajo”, explica con una mezcla de orgullo y resignación. Cada banco que pasa por sus manos recibe una restauración integral: limpia a fondo la estructura metálica que cuenta con el escudo del Ayuntamiento de Durango —algunos incluso con líquenes—, elimina la pintura vieja y los vuelve a pintar con su color original, verde carruaje.
A continuación, se ocupa de las maderas, con una lijadora que funciona mediante un generador —“porque aquí no hay enchufe”, comenta—, y las pinta de verde hierba, reponiendo aquellas piezas que están rotas o deterioradas. También cambia toda la tornillería, asegurando la estabilidad del conjunto. “Estaban negros de suciedad, pero en realidad son verdes”, diferencia.

Algunos bancos deteriorados. IBAN GORRITI
Su perfeccionismo se nota incluso en los detalles: deja cada zona en la que trabaja completamente limpia, tanto el banco como el suelo que lo rodea. “Antes hacíamos esta labor entre dos, este año me han puesto a mí solo”, señala, consciente del esfuerzo que supone.
Y es que el trabajo no es precisamente ligero. José Luis acaba el día con el cuerpo roto y, como él mismo detalla, los fines de semana los pasa “reventado, a veces sin poder salir de los dolores”. La dureza de las posturas, las horas al aire libre y el polvo del lijado —“muy malo para la salud”, dice— le pasan factura. “Por las mañanas tomo ibuprofeno para el dolor del día anterior», y previendo le que me viene encima.
A sus 61 años, y habiendo pasado por una operación de espalda, mantiene su rutina: “Cuando llego a casa suelo hacer estiramientos, porque ya tengo mis años…, pero quiero seguir haciendo bien mi trabajo”. Actualmente se encuentra trabajando en la zona de Txibitena, junto al parque infantil, una zona húmeda.

García trabajando con gafas y guantes. IBAN GORRITI
Su conocimiento es fruto de la experiencia. “Las maderas buenas son de roble, y se nota que las de pino se rompen y tengo que cambiarlas”, explica mientras muestra su meticulosidad. Sin vehículo para trasladarse, depende de que sus compañeros acerquen al lugar de trabajo “con todos los utensilios y el generador, y luego vuelven a buscarme”. Pese a todo, mantiene intacta su implicación. “Estos son trabajos de la hostia que hay que hacer entre dos personas. Yo, así y todo, garantizo que van a durar años”, asegura este exfutbolista, consciente del valor de su esfuerzo.
Su labor, como la de tantos trabajadores y trabajadoras de la brigada municipal, pasa casi desapercibida para la mayoría de la ciudadanía. Pero sin ellos, Durango no luciría como luce. Cada banco restaurado por José Luis refleja el compromiso, la constancia y el cariño con el que este oficial de mantenimiento cuida el espacio común. Porque, recuerden al sentarse, al descansar, que en cada banco recién pintado hay una historia de esfuerzo, oficio y dignidad que merece ser reconocida. Personas como él, obreras, trabajadoras, no son anónimas, son restauradoras de nuestra comodidad.

Últimos retoques a un banco. IBAN GORRITI





